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Ciencia

¿Qué es el ‘congelamiento funcional’?

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El término, popularizado en redes sociales, describe un estado de entumecimiento emocional y baja motivación. Psicólogos ofrecen claves para entenderlo y afrontarlo

The New York Times

Ciudad de México.- Reconozcámoslo: las fiestas no siempre son la época más feliz del año.

Estamos más ocupados que de costumbre, corriendo de un lado al otro para comprar regalos, enviar tarjetas y asistir a eventos. Luchamos contra las desagradables enfermedades invernales que aparecen en diciembre. Y a menudo navegamos por dinámicas familiares complicadas mientras sentimos la presión de crear recuerdos perfectos.

El resultado: un estrés abrumador que puede agotar nuestra energía o concentración. En las redes sociales, a veces se hace referencia a esa sensación como “congelamiento funcional”.

Aunque no se trata de un término psicológico formal ni de un diagnóstico, el tema se ha popularizado en numerosos videos y publicaciones en línea. En un video de TikTok que ha sido visto más de cuatro millones de veces, un terapeuta explica el congelamiento funcional como un estado mental provocado por el estrés crónico. Aún eres capaz de hacer las cosas, pero sientes que estás “simplemente existiendo” y funcionando en piloto automático.

El video recibió más de 1700 comentarios. “Por fin me siento visto”, escribió alguien.

Consultamos a psicólogos para que opinaran sobre el término y ofrecieran soluciones para sentirse mejor.

¿Qué es exactamente el congelamiento funcional?

El significado de “congelamiento funcional” puede variar según quien lo describa.

La expresión se popularizó en las redes sociales, alcanzó su punto máximo en las búsquedas en internet en 2024 y atrajo la atención de medios como Today.com, CNBC y Forbes.

Dave Boyd, terapeuta matrimonial y familiar de Olympia, Washington, nunca había oído el término hasta hace unos dos años, cuando una paciente —una madre joven— le mostró un video que había visto en TikTok.

Su primera reacción fue: “eso no existe”, recordó. Pero sintió curiosidad.

“Cuéntame por qué esto resuena contigo”, le preguntó. Al final, su explicación lo ayudó a comprender mejor algunas de sus mayores preocupaciones, entre ellas sentirse abrumada, impotente y atrapada en un entorno de alto estrés

La gente ha equiparado el congelamiento funcional con estar “agotado pero acelerado”: una mezcla de ansiedad y cansancio. Otros han dicho que el “modo congelamiento” es similar a “disociarse, escapar” o sentirse como “en la niebla”, aunque seas capaz de hacer lo necesario cuando hace falta. Otros explican que, aunque participen en actividades sociales, no las disfrutan y se sienten “entumecidos emocionalmente”.

En este sentido, el término “congelamiento funcional” podría referirse a muchas cosas distintas, dijo Janina Fisher, psicóloga clínica y experta en el tratamiento de traumas. Los síntomas que describen los usuarios de redes sociales podrían coincidir con el trastorno afectivo estacional, la despersonalización o los efectos a largo plazo de un trauma pasado, dijo Fisher.

Aunque no encontrarás “congelamiento funcional” en un manual de psicología, el término sigue siendo importante, dicen los expertos.

Esta formulación “le da a las personas un lenguaje para describir lo que están experimentando con cierto grado de dignidad”, dijo Fisher. Decir simplemente “he perdido la motivación” no resulta tan convincente, añadió.

¿Cómo se ve estar en un estado de congelamiento funcional?

Esto también puede variar según la fuente.

En algunas publicaciones de redes sociales, la gente se mostraba pasando publicaciones sin parar en su teléfono. Una mujer se quedó sentada con la toalla durante 15 minutos después de ducharse; otra persona permanecía en la cama, bajo las sábanas. Otra simplemente estaba sentada, con la cabeza entre las manos.

La palabra “congelamiento” sugiere un instinto de supervivencia, pero la inercia que aparece en estos videos no es una reacción pasajera ante el peligro. Más bien, es el resultado de sostenerse constantemente para cumplir con lo que hay que hacer.

Así, tal vez los mensajes de texto más importantes sí reciben respuesta. Las tareas laborales se cumplen. Se da de comer a los niños. Pero cuesta muchísimo encontrar una motivación para hacer algo más allá de lo estrictamente esencial.

Estos sentimientos pueden surgir por sentirse desbordado por las exigencias de la vida cotidiana, dijo George Bonanno, profesor de psicología clínica en el Teachers College de la Universidad de Columbia y autor de The End of Trauma.

También podrían ser producto de la sobrecarga de información, añadió. Algunas de las cosas que vemos en internet o en las noticias pueden resultar tan perturbadoras o angustiantes que nos hacen sentir sobrepasados.

“Nuestros cerebros están diseñados para detectar y reaccionar ante amenazas lo más rápido posible”, dijo. “Ahora estamos siendo estimulados constantemente”.

¿Cómo se sale del congelamiento funcional?

En primer lugar, dijeron los expertos, conviene pensar por qué este término resuena contigo.

¿Es porque estás abrumado? ¿Se debe principalmente a tu trabajo? ¿El estado del mundo? ¿Todo esto y más?

Bonanno recomendó identificar con precisión las preocupaciones principales y abordarlas una por una. Por ejemplo, si te sientes emocionalmente entumecido, ¿hay algo en particular frente a lo cual estás intentando no sentir? Si es así, ¿puedes pensar en cómo abordarlo?

Si estás agotado: ¿duermes lo suficiente? Si no es así, ¿cómo podrías dormir más?

Para los sentimientos generales de estrés y agobio, Fisher sugirió intentar estimular tu sistema nervioso autónomo, que controla el ritmo cardiaco, la digestión, la respiración y la presión arterial. Para lograrlo recomendó la meditación, el yoga, el tai chi o salir a correr como formas de reconectar con el cuerpo y sentirse más tranquilo.

También podrías considerar hablar con un terapeuta si los síntomas resultan especialmente problemáticos o persistentes; es posible que haya una condición de salud mental diagnosticable. O tal vez solo necesites un espacio seguro para explorar lo que te está pasando.

Por encima de todo, recuerda que tienes capacidad de acción. Intenta evitar decirte que eres “incapaz de funcionar y que, por tanto, no puedo hacer cosas”, dijo Bonanno.

“No estás indefenso frente a esto”, añadió. Los seres humanos tenemos una “enorme capacidad” para adaptarnos y salir adelante frente a la adversidad.

 

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Ciencia

El error de los ‘5 minutos más’ que te arruina la mañana

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Son muchas las personas que tienen la costumbre de utilizar varias alarmas cada mañana, lo cual es contraproducente

Ciudad de México.- No hay un sonido más detestable que el de la alarma del despertador. Una melodía estridente, que se instala en el hipotálamo y, a buen seguro, todo el mundo puede tararear de memoria. Es la tonadilla encargada de arrancarnos del confort de la cama para enfrentar el día a día. Por otro lado, es una herramienta indispensable. Al menos para cumplir con las obligaciones diarias.

De hecho, no parece una exageración asegurar que todo el mundo utiliza un despertador para levantarse por la mañana. O al menos una inmensa mayoría, pues siempre hay algunos privilegiados que no tienen una hora fijada para amanecer. También es cierto que hay muchas personas que no solo emplean una única alarma, sino que tienen la costumbre de programar varias para asegurarse levantarse a tiempo. De hecho, la mayoría de radiodespertadores primero, y ahora los teléfonos celulares, incluyen una opción de posponer alarma por una razón: son muchas las personas que la emplean cada mañana. Pero ¿por qué sucede esto?

Las consecuencias de posponer la alarma cada mañana
El científico y terapeuta del sueño Merijn Van de Laar explica el razonamiento que se encuentra tras este comportamiento. También el efecto que tiene en aquellas personas que lo practican. “A mayor cantidad de alarmas por despertador acumuladas, mayor sería la inercia del sueño al despertarse. Es decir, que la transición del sueño a la vigilia llevará más tiempo, y dejará atontada a la persona durante un largo rato. Una posible razón para esto quizás se deba a que estas transiciones inducen a cambios en el cuerpo que inhiben un despertar suave”, explicó.

De hecho, el autor de Cómo dormir como un cavernícola (2025) explicó que, ante estas situaciones, las pulsaciones se aceleran cuando nos despertamos, al tiempo que nuestro cuerpo tiene que realizar arranques constantes con cada despertar. “Esto cuesta energía y lleva a las personas a estar más cansadas y más somnolientas durante la mañana. Por eso, lo mejor que puedes hacer siempre es programar la alarma para la hora en la que más tarde necesitas levantarte y tratar de despertarte una vez”, agrega.

De lo contrario se puede incurrir en lo que Van de Laar ha bautizado como jet lag social. “El mejor método para despertarse es aquel que preserva la calidad y la regularidad del sueño, pero esto no siempre se puede lograr debido al ritmo de trabajo y a otras obligaciones”, resume.

Consejos para mejorar el sueño
1. La constancia es lo primero: Acuéstate y despiértate aproximadamente a la misma hora todos los días (incluso los fines de semana).

2. Usa la luz con prudencia: Luz solar matutina, luces tenues y cálidas por la noche para reforzar el ritmo circadiano.

3. La temperatura importa: Las habitaciones frescas (18–20 °C) promueven un sueño profundo.

4. Relájate antes de dormir: Descansa de 30 a 60 minutos con actividades de baja estimulación.

5. Ejercicio y actividad diaria: El movimiento regular mejora la calidad del sueño, pero evita la actividad vigorosa justo antes de acostarte.

6. Cuida tu alimentación: Evita comidas copiosas, así como la cafeína y el alcohol justo antes de dormir.

7. Considera el entorno para dormir: Colchón cómodo, espacio tranquilo, mínimas interrupciones.

8. Respeta los despertares naturales: Si te despiertas brevemente por la noche, relájate en lugar de estresarte, es normal.

¿Es normal despertarse por la noche?
Más allá de las alarmas, Van de Laar asegura que es “normal” despertarse por la noche. Es más, el científico neerlandés asegura que son episodios “normales” en las personas. De hecho, mantiene que, en promedio, los occidentales están despiertos hasta el 20 % del tiempo total de sueño. “Mientras te sientas relajado cuando estás despierto, esto no debería ser un problema”, aconseja. Se trata de un matiz importante, ya que hay muchas personas a las que les inquieta el mantener varios despertares nocturnos, impidiéndoles volver a conciliar el sueño.

Además, Van de Laar desmiente la necesidad de dormir ocho horas seguidas para conseguir un descanso satisfactorio. “Sólo entre el 15 % y el 25 % de las personas duermen ocho horas o más. Depende de las necesidades personales de sueño, pero estas pueden variar entre seis y ocho horas”, explica.

Agencias

 

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Ciencia

Tus tenis rechinan por fricción… con relámpagos

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Las suelas de tus zapatos se ondulan miles de veces por segundo al rozar el suelo, creando ese chirrido tan familiar que ahora los científicos lograron explicar por primera vez

Ciudad de México.- Desde las gradas del TD Garden, mientras observaba a los Boston Celtics, Adel Djellouli reparó en un sonido constante: el chirrido de las zapatillas al deslizarse sobre el parquet. “Ese ruido cuando los jugadores se deslizan por el suelo es omnipresente”, señaló. “Siempre está ahí”.

El roce de las suelas de goma contra la madera, en cada finta, corte o giro defensivo, forma parte habitual de un partido de baloncesto. De regreso a casa, Djellouli se preguntó cómo se producía ese sonido. Como científico de materiales en la Universidad de Harvard, decidió investigarlo.

Experimento con zapatillas deportivas
Djellouli y sus colegas deslizaron repetidamente una zapatilla sobre una placa de vidrio lisa. Registraron el sonido con micrófonos y utilizaron cámaras de alta velocidad para observar qué ocurría en la zona de contacto.

En el estudio, publicado en Nature concluyeron que la goma no se desliza como un bloque uniforme. En vez de que toda la suela se adhiera y se libere al mismo tiempo, el movimiento se concentra en frentes rápidos –una suerte de arrugas móviles– conocidos como “pulsos de deslizamiento”, que se separan y vuelven a adherirse miles de veces por segundo. Esa repetición genera vibraciones cuya frecuencia coincide con el tono del chirrido.

Chispas similares a relámpagos
Además, según reporta Live Science, en algunos ensayos, el equipo detectó pequeños destellos provocados por la fricción, descritos como relámpagos en miniatura. Así, además del roce entre superficies, el sistema también acumulaba energía eléctrica y, en ciertas pruebas, estas descargas parecían desencadenar los pulsos de deslizamiento. El chirrido no dependía principalmente de ellas, pero mostraban que el fenómeno iba más allá de una simple fricción.

“Ese chirrido es básicamente tu zapato ondulándose, o creando arrugas que viajan súper rápido. Se repiten a alta frecuencia, y por eso obtienes ese ruido chirriante”, dijo Djellouli.

Diseño de suelas y fricción
Los patrones de agarre en las suelas también pueden desempeñar un papel. Cuando los investigadores deslizaron bloques de goma plana y sin características contra el vidrio, vieron una serie de ondulaciones caóticas y desorganizadas, pero no escucharon chirridos.

Los diseños en forma de crestas en la parte inferior de tus zapatos pueden organizar las ráfagas para producir un sonido claro y agudo.

Otros investigadores han estudiado este tipo de ráfagas antes, pero este estudio sobre zapatillas examina la fricción que ocurre a velocidades mucho más rápidas. Y por primera vez, vincula los pulsos veloces con el sonido chirriante que producen.

Las suelas de las zapatillas deportivas crearon ondulaciones miles de veces por segundo al deslizarse sobre superficies lisas en experimentos de laboratorio.Las suelas de las zapatillas deportivas crearon ondulaciones miles de veces por segundo al deslizarse sobre superficies lisas en experimentos de laboratorio.

Estas ideas no solo sirven para satisfacer la curiosidad de un aficionado al baloncesto. También podrían ayudar a responder importantes preguntas prácticas. “La fricción es uno de los problemas más antiguos e intrincados de la física”, escribió el físico Bart Weber en un editorial que acompañaba la nueva investigación. Sin embargo, a pesar de su importancia práctica, escribió, “es difícil de predecir y controlar”.

Comprender mejor la fricción podría ayudar a los científicos a entender mejor cómo se deslizan y rechinan las placas tectónicas de la Tierra durante los terremotos, por ejemplo, o a ahorrar energía reduciendo la fricción y el desgaste.

También podría ayudar a eliminar momentos fuera de la cancha cuando los zapatos chirriantes pueden ser un poco incómodos o vergonzosos, como en el pasillo silencioso de una oficina.

Zapatos sin chirridos: futuro del diseño
Esta investigación no ofrece una solución, aunque internet tiene mucho consejo que puede ser arriesgado, incluido frotar jabón o una toallita de secadora en las suelas. Pero algunas de las ideas del estudio podrían ayudar a diseñar zapatos sin chirridos en el futuro.

Por ejemplo, un experimento adicional encontró que cambiar el grosor de la goma podría hacer que el sonido del chirrido sea más bajo o alto en tono. En el futuro, ¿podríamos ajustar nuestros zapatos para que hagan sonido en un tono tan alto que ni siquiera podamos escucharlo?

“Ahora podemos empezar a diseñar para ello”, dijo Weber, quien pertenece al Centro de Investigación Avanzada para Nanolitografía y la Universidad de Ámsterdam, en una entrevista. “Podemos empezar a crear interfaces que lo hagan si queremos escuchar este sonido, o que no lo hagan si no queremos escucharlo”.

FUENTE: AP, Live Science, Nature

 

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¿Por qué sonreímos? 

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Un estudio con macacos revela que los gestos no son meros reflejos emocionales, sino el resultado de una compleja coordinación entre distintas regiones cerebrales que operan a velocidades diferentes

Ciudad de México.- Sonreír, fruncir el ceño, mostrar los dientes en señal de amenaza. Los primates —humanos incluidos— utilizamos constantemente el rostro para comunicarnos, pero hasta ahora se desconocía cómo el cerebro coordina los músculos faciales para producir estos gestos. Un nuevo estudio publicado hoy jueves en la revista Science demuestra que las expresiones faciales no son simples descargas emocionales automáticas, sino el producto de una red cortical distribuida que funciona con una jerarquía temporal: algunas regiones procesan información rápida y dinámica para controlar el movimiento momento a momento, mientras que otras mantienen representaciones estables, que podrían reflejar el contexto social.

El trabajo, liderado por Geena Ianni, de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, registró la actividad de cientos de neuronas en cuatro regiones cerebrales de dos macacos mientras los animales producían espontáneamente tres tipos de gestos: lipsmack (chasquido de labio, como una sonrisa), amenaza y masticación. Los resultados echan por tierra la idea clásica de que existe una división estricta entre circuitos cerebrales: uno lateral para movimientos voluntarios y otro medial —que atraviesan la línea media del cerebro— para expresiones emocionales.

“Lo que hemos encontrado es que todas las regiones corticales motoras faciales están involucradas en todos los tipos de gestos”, explica Ianni. Es decir, que todas las zonas que antes se suponían separadas para diferentes tipos de gestos contienen neuronas que respondían tanto a gestos socioemocionales como a movimientos voluntarios.

Para desentrañar cómo operan estas regiones en conjunto, los investigadores utilizaron técnicas de resonancia magnética combinadas con implantes de microelectrodos. La clave fue registrar la actividad cerebral simultáneamente en las cuatro áreas mientras los animales interactuaban con estímulos sociales —vídeos de congéneres, avatares interactivos o encuentros cara a cara— que provocaban gestos naturales sin entrenamiento previo.

El hallazgo más sorprendente fue que las regiones cerebrales no se organizan según una jerarquía espacial clásica —de áreas inferiores a superiores— sino según una jerarquía temporal.

Los resultados también desafían la idea de que las expresiones faciales son meros reflejos. La actividad neuronal segregaba los distintos tipos de gestos mucho antes de que comenzara el movimiento —hasta un segundo antes—, lo que indica preparación e intencionalidad. Además, las trayectorias neuronales de cada gesto nunca se solapaban, incluso en períodos de reposo facial, sugiriendo que el cerebro ya está preparando el gesto específico que vendrá.

“Los hallazgos de Ianni y sus colegas tienen implicaciones notables para entender la evolución y función de las expresiones faciales”, escriben Bridget Waller y Jamie Whitehouse, investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), en un comentario en la misma revista. “La visión clásica —que las expresiones faciales señalizan un estado emocional interno— sugiere que compartir emociones sentidas es evolutivamente adaptativo y ha sido seleccionado para facilitar las interacciones sociales con otros. Esto puede ser cierto hasta cierto punto, pero si las expresiones faciales se planifican, entonces queda en entredicho hasta qué punto representan siempre lecturas honestas y precisas del estado interno”, añaden. Es decir: cuando sonreímos o amenazamos, nuestro cerebro está ejecutando una compleja sinfonía neuronal en la que diferentes secciones de la orquesta —rápidas y lentas, dinámicas y estables— colaboran para producir el gesto exacto en el momento social preciso.

Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología en el Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, que no ha participado en el estudio, valora que “la novedad principal radica en que las regiones de la corteza frontal del cerebro que controlan los músculos de las expresiones faciales voluntarias y las que controlan las expresiones faciales emocionales codifican ambos tipos de expresión”. Sin embargo, añade una nota de cautela sobre las implicaciones: “La investigación tiene más interés neurológico que psicológico, pues no hay novedad en cuanto al papel social de las expresiones faciales”.

Según sus autores, el trabajo tiene potenciales implicaciones clínicas. Comprender cómo funciona nuestro cerebro a la hora de generar nuestras expresiones podría usarse en el diseño de interfaces cerebro-computadora, para restaurar estas funciones en pacientes con lesiones cerebrales.

El País

 

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