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Por qué tener hambre nos cambia (para mal) el estado de ánimo

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Las causas fisiológicas para el mal humor ya se conocían. Nuevos estudios demuestran ahora las razones emocionales: somos peores en situaciones desagradables

Ciudad de México.- Sentir hambre puede modular nuestro estado de ánimo. Diversas investigaciones han demostrado que el hambre puede volvernos más negativos, más irritables e, incluso, más agresivos. El impacto emocional del hambre puede tener, incluso, un efecto sobre nuestras decisiones. Así lo demostró un estudio israelí de 2011 que dio nombre al conocido como “efecto del juez hambriento”. Lo que vieron los autores del estudio es que la severidad de las sentencias dictadas por los jueces se endurecía a medida que se acercaba la hora del almuerzo, para luego volverse de manera significativa más indulgentes después de la pausa para la comida y el descanso. Esta relación tan estrecha llevó incluso a la invención de un término en inglés para hacer referencia a este fenómeno, hangry —una combinación de hungry (hambriento) y angry (enfadado) —, que se coló en enero de 2018 en el Diccionario de Oxford.

La explicación que se ha dado tradicionalmente a esta relación ha sido puramente fisiológica. “Diversos estudios sugieren que la agresividad no surge de forma espontánea, sino que está modulada por la disponibilidad energética del cerebro y por la experiencia nutricional previa. El autocontrol —clave para inhibir conductas agresivas— consume grandes cantidades de glucosa, de modo que cuando esta escasea, o su metabolismo se ve alterado, disminuye la capacidad de regular los impulsos”, explica Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y Bases Fisiológicas de la Nutrición en la Universidad de Murcia.

Esta relación, sostiene la experta, no es exclusiva de nuestra especie: estudios experimentales en moscas de la fruta, por ejemplo, han demostrado que la privación de alimento durante más de un día incrementa de forma significativa la agresividad entre machos, incluso cuando su condición física empeora. “En este caso, el hambre aumenta el valor del recurso alimentario y la motivación por defenderlo, lo que se traduce en más conflictos y enfrentamientos, poniendo de manifiesto que el llamado fenómeno hangry tiene raíces biológicas profundas y compartidas entre especies”, argumenta Garaulet.

Y es que, como demuestra la investigación con moscas de la fruta, no comer no es solo una incomodidad, sino también una amenaza biológica. Cuando los niveles de glucosa en sangre bajan, el organismo activa el eje del estrés (hipotálamo-hipófisis-adrenal), lo que provoca la liberación de cortisol: “En términos evolutivos, el mensaje es claro: falta energía, hay que reaccionar”. Como añade la experta en crononutrición, el cortisol tiene una función adaptativa: aumenta la glucosa disponible en sangre, moviliza reservas energéticas y mantiene el cerebro “en alerta”. El problema es que, al mismo tiempo, reduce funciones no prioritarias como la empatía o la regulación emocional, facilita respuestas defensivas, impulsivas o agresivas y hace que interpretemos el entorno como más hostil.

“El cortisol no provoca la agresividad por sí solo, pero baja el umbral a partir del cual reaccionamos con enfado o violencia. En combinación con la falta de glucosa y la reducción del autocontrol, explica muy bien por qué el hambre nos vuelve más susceptibles al conflicto”, reflexiona.

Más allá de la explicación fisiológica
Aceptadas estas bases fisiológicas de la relación entre hambre y peor estado de ánimo, diversas investigaciones están intentando encontrar explicaciones que vayan más allá de la falta de glucosa y el incremento de los niveles de cortisol. Un estudio publicado en 2018 en la revista Emotion, de la Asociación Estadounidense de Psicología, se planteó si esas sensaciones negativas causadas por los cambios fisiológicos inducidos por el hambre podían, a su vez, sesgar nuestra percepción del mundo que nos rodea. En base a tres experimentos, en los que manipularon de forma sistemática los niveles de hambre de las personas, las señales contextuales y su autoconciencia, los autores descubrieron que estar simplemente hambriento no bastaba para que alguien se vuelva hangry, sino que hay dos ingredientes clave que influyen.

“En primer lugar, tienes que encontrarte en una situación negativa o desagradable. Las personas no parecen ponerse tan hangry en contextos neutros o agradables. Si estás pasándolo bien con amigos, pero tienes hambre, probablemente no te volverás irritable a menos que ocurra algo molesto o incómodo. Pero si estás en una situación desagradable o irritante, como un atasco kilométrico, y además tienes hambre, entonces es un escenario perfecto para que surjan esos sentimientos”, explica a EL PAÍS Jennifer MacCormack, profesora asistente del Departamento de Psicología de la Universidad de Virginia (EE UU).

En segundo lugar, añade, resulta fundamental la autoconciencia. Según la investigadora, las personas se vuelven hangry cuando se dejan absorber por lo que ocurre a su alrededor (el atasco, por ejemplo) en lugar de reconocer que la verdadera fuente de su negatividad es el hambre. “Cuando en nuestros estudios pedíamos a los participantes que prestaran atención a sus emociones, el sesgo hangry desaparecía: dejaban de ser tan duros o críticos con los demás e incluso decían sentirse menos irritables y enfadados pese a tener hambre”, explica.

A una conclusión parecida llegó otro estudio reciente, publicado a finales de 2025 en eBioMedicine (The Lancet), que combinó la monitorización continua durante cuatro semanas de la glucosa con registros que los participantes completaron dos veces al día en su smartphone evaluando cuánta hambre o saciedad sentían, así como si estaban felices o tristes. Con esta información, los autores confirmaron, tal y como esperaban, que unos niveles más bajos de glucosa se asociaban con un peor estado de ánimo. Sin embargo, lo que observaron es que esta asociación también se explicaba por las valoraciones de hambre recogidas. “En otras palabras, los participantes solo estaban de peor humor cuando la falta de energía la percibían conscientemente como hambre, no por una falta subconsciente de glucosa como fuente de energía”, explica Nils Kroemer, investigador del Departamento de Psiquiatría y Psicoterapia del Hospital Universitario de Tubinga (Alemania) y profesor de psicología médica en la Universidad de Bonn.

Los autores, de hecho, hallaron que algunas personas eran más sensibles a sentirse hangry. También que otras eran más capaces de percibir el hambre en consonancia con los cambios en los niveles de glucosa y que, por tanto, informaban de menos fluctuaciones en su estado de ánimo. “Esto sugiere que ser más consciente de las señales corporales puede mejorar la regulación emocional al ayudar a controlar los cambios de humor de forma más eficaz”, reflexiona.

En base a los resultados de estos estudios, ambos investigadores señalan que sentirse hangry es algo que se puede modular siendo consciente de que se tiene hambre y que eso está sesgando la forma en que ves el mundo. “Nuestros datos sugieren que las personas hambrientas no son bestias salvajes: cuando reconocemos la verdadera fuente de nuestras emociones negativas, podemos evitar actuar impulsivamente bajo la influencia de ese estado”, sostiene Jennifer MacCormack.

La profesora de la Universidad de Virginia recomienda, en esas situaciones, “intentar centrarse en aspectos positivos del entorno y ponerse en una situación más agradable hasta poder comer algo”. Por ejemplo, en el caso del citado atasco, escuchando música relajante. Nils Kroemer, por su parte, destaca que es importante mantener un horario regular de comidas, lo que permite evitar sorpresas desagradables para el organismo, ya que el hambre consciente suele aparecer cuando nos saltamos una comida que esperábamos hacer. “Si nunca desayunamos, no sentimos tanta hambre por la mañana como cuando nos saltamos el desayuno un día puntual”, concluye.

El País

 

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¿Es malo dormir con mi mascota

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Parece que todo el mundo tiene una opinión, así que les planteamos la pregunta a los expertos
The New York Times

Ciudad de México.-
Dejo que mi perro duerma en la cama conmigo, pero algunos de mis amigos dicen que es antihigiénico y posiblemente malo para mi sueño. ¿Lo es?

Cuando Shelby Harris, psicóloga del sueño de Nueva York, empieza a trabajar con pacientes que tienen problemas para dormir, siempre les pregunta si tienen mascotas. “Lo primero que me dicen es: ‘Tengo un perro. Me vas a decir que no duerma con el perro’”, dijo.

No tiene por qué ser así, dijo Harris. Algunas personas disfrutan mucho al dormir con sus mascotas, y no todo el mundo sufre trastornos del sueño. Pero si la mascota es el origen del problema, dijo Harris, es bueno que todo el mundo lo sepa.

En una encuesta en línea de unos 2,000 adultos estadounidenses publicada en 2022, casi la mitad dijo que dormía en la misma cama que su mascota. Si eres uno de ellos pero no estás seguro de si deberías hacerlo, he aquí algunas cosas que debes tener en cuenta.

Las mascotas pueden transmitir enfermedades

Las mascotas pueden exponernos a diversos bichos y gérmenes, como garrapatas, pulgas, parásitos y bacterias, dijo Josh Daniels, veterinario y microbiólogo de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Estatal de Colorado. Tenerlos en la cama solo aumenta tu exposición, dijo. Y en algunos casos, pueden hacer que nos enfermemos.

En 1991, por ejemplo, una mujer de 81 años fue hospitalizada en Finlandia con fiebre y signos de infección cutánea bacteriana en la pierna. Los científicos informaron que tenía una úlcera entre los dedos de los pies y que estaba infectada por un tipo de bacteria que suele encontrarse en la boca de perros y gatos. Habitualmente dormía con su gato, que tenía la costumbre de lamerle los pies y los dedos. Otro caso, publicado en 2000, describía a un hombre de 69 años que había dormido con su perro antes y después de una operación de cadera, y que desarrolló una infección alrededor de la zona operada. La bacteria era de un tipo que se encuentra en la boca de gatos y perros y se transmite a través de mordeduras y arañazos. También ha habido informes de dueños de perros que contrajeron la peste, la cual pueden transmitir las pulgas, después de dormir con sus mascotas.

Sin embargo, estos casos son raros. Y, a menos que seas propenso a las infecciones o tengas el sistema inmunitario debilitado, el riesgo de enfermar por dormir con una mascota suele ser bajo, dijo Bruno Chomel, profesor emérito de la Facultad de Medicina Veterinaria Weill de UC Davis.

Las garrapatas y las pulgas son los bichos más comunes a los que se expone la gente cuando comparte la cama con una mascota, dijo Daniels, así que asegúrate de utilizar los métodos de prevención de pulgas y garrapatas recomendados por un veterinario. Las garrapatas pueden transmitir la enfermedad de Lyme y otras enfermedades graves.

La desparasitación rutinaria también eliminará parásitos intestinales comunes y potencialmente peligrosos, como la ascáride.

Si tu mascota procede de un refugio, o es un cachorro o un gatito, ten cuidado con los problemas cutáneos como la tiña, que se propaga fácilmente a través del tacto, dijo Daniels (quien duerme con su perro).

A la hora de decidir si dormir o no con una mascota, dijo Chomel, todo se reduce a la tolerancia al riesgo de enfermar; es pequeño, dijo, pero real.

Tu sueño puede resentirse (aunque tal vez no lo notes)

No hay muchos estudios sobre cómo afecta el sueño compartir la cama con una mascota, dijo Brittany Lancaster, profesora adjunta de psicología clínica en la Universidad Estatal de Misisipi. Pero algunos estudios limitados sugieren que dormir con una mascota puede empeorar el sueño, dijo.

En un estudio publicado en 2017, por ejemplo, 40 propietarios de perros (en su mayoría mujeres) llevaron monitores de actividad mientras dormían durante siete noches. Los investigadores descubrieron que, cuando el perro estaba en la cama, los participantes dormían de forma menos eficiente que cuando el perro estaba en la habitación pero no en la cama.

Algunas pruebas sugieren que las personas pueden no saber que su sueño se ve interrumpido. En un estudio realizado en 2020 con 12 mujeres que dormían con sus perros, los investigadores observaron que los perros perturbaban el sueño de sus dueñas, pero las participantes rara vez informaron de esas perturbaciones después. Los científicos también han descubierto que algunas personas perciben a sus mascotas como beneficiosas para su sueño.

Douglas Wallace, médico especialista en sueño y profesor de neurología clínica de la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami, lo ha observado en sus propias investigaciones y en su clínica.

Teorizó que el apoyo emocional de dormir con una mascota podría compensar de algún modo cualquier efecto negativo que la mascota tenga sobre la calidad del sueño.

Las mascotas ofrecen beneficios para el bienestar que pueden mejorar el sueño, dijo Wallace. Los dueños que sacan a pasear a sus perros todas las mañanas hacen ejercicio regularmente y pueden tener que despertarse a la misma hora todos los días, lo que favorece un buen sueño.

Si crees que compartir la cama con una mascota interfiere en tu sueño, Harris recomendó sacar al animal de la cama durante unas cuantas noches y ver si notas alguna diferencia. Si no la notas, “me parece bien que esté ahí”, dijo.

Lancaster, en cambio, prefiere un enfoque más conservador: “Yo no duermo con mis gatos, si eso te dice algo”, puntualizó.

 

 

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5 remedios caseros contra roedores

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Ciudad de México.- La presencia de roedores en los espacios habitacionales representa un desafío constante para la salud pública y la integridad de los inmuebles.
Más allá de las soluciones industriales, existen alternativas de origen natural que aprovechan la sensibilidad sensorial de estos mamíferos. El control de estas plagas no solo requiere la eliminación de los ejemplares, sino la creación de un entorno hostil que desincentive su ingreso y permanencia.
El uso de sustancias con olores penetrantes constituye una de las primeras líneas de defensa no tóxica. La literatura especializada en manejo de plagas destaca que el sistema olfativo de los ratones es extremadamente agudo, lo que permite el uso de ciertos elementos cotidianos como repelentes:
Menta y aceites esenciales: El aroma intenso de la menta piperita resulta intolerable para los roedores. La colocación de algodones impregnados en sitios estratégicos actúa como una barrera química natural.
Vinagre blanco: Debido a su acidez y fuerte olor, este líquido interfiere con los rastros de feromonas que los ratones utilizan para navegar por la casa.
Pimienta de cayena y especias picantes: La capsaicina presente en estos polvos irrita las vías respiratorias de los roedores (obligándolos a retirarse de las zonas tratadas).
Amoníaco: Al imitar el olor de la orina de grandes depredadores, esta sustancia genera una respuesta de miedo instintiva en los ratones.
Cebolla: El azufre liberado por este bulbo es un repelente eficaz, aunque requiere una sustitución constante para mantener su potencia.
Según publica la Environmental Protection Agency (EPA) de los Estados Unidos, el manejo integrado de plagas prioriza la exclusión y la limpieza antes que el uso de venenos, ya que estos últimos pueden representar riesgos para mascotas y niños.
La efectividad de los remedios caseros es limitada si no se acompaña de una gestión adecuada del entorno. La Secretaría de Salud de México enfatiza en sus guías de prevención de zoonosis que la acumulación de residuos orgánicos y el desorden en bodegas son los principales factores que atraen a los múridos. “La mejor trampa es el orden y el sellado de grietas superiores a los seis milímetros”, señalan expertos en saneamiento ambiental.
Instituciones como los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) subrayan que los roedores son vectores de enfermedades como la leptospirosis y el hantavirus. Por ello, la limpieza profunda con soluciones desinfectantes en las áreas donde se detectó actividad es fundamental para eliminar los patógenos.
El uso de recipientes herméticos para el almacenamiento de alimentos corta la fuente de sustento (lo que potencia la eficacia de los remedios aromáticos antes mencionados).

Agencias

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Superficies que nunca debes limpiar con bicarbonato

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Ciudad de México.- El bicarbonato suele ser un gran aliado en la limpieza del hogar, pues es un abrasivo suave, un neutralizador de olores y un regulador de pH natural, características que le permiten disolver grasa, eliminar manchas y combatir el mal olor de manera eficaz y sin daño el medio ambiente.
No obstante, hay materiales y superficies que no reaccionan bien a sus propiedades, y que si se usa sobre ellas, puede desgastar, dañar, rayar o quitar brillo.
Para que no reduzcas la vida útil de tus muebles y artículos del hogar, aquí te contamos cuáles son cinco superficies que nunca deberías limpiar con bicarbonato de sodio.

5 superficies que no debes limpiar con bicarbonato de sodio
De acuerdo con el blog de casa y hogar de Martha Stewart, estas son cinco cosas a las que nunca les deberías aplicar bicarbonato para limpiar:
1. Vidrios y espejos
La naturaleza ligeramente abrasiva y arenosa del bicarbonato de sodio puede provocar rayones en los vidrios y espejos, especialmente si se utiliza como método de limpieza de manera frecuente. Expertos en limpieza recomiendan utilizar limpiadores especiales para vidrio o una mezcla de vinagre y agua aplicada con un paño o trapo de microfibra, la cual evita rayones y atrapa el polvo.
2. Madera
El bicarbonato de sodio también resulta perjudicial para los muebles o superficies de madera. Utilizado con frecuencia, puede quitarle el brillo, la cobertura protectora y rayar el acabado de los artículos de madera.
Se recomienda utilizar un trapo ligeramente húmedo y/o productos especiales para madera que cuidan el brillo y protegen los acabados.
3. Superficies de mármol, cuarzo, granito o piedra sellada
Las superficies de piedra sellada pueden rayarse si se limpian con bicarbonato de sodio. También suelen tener propiedades que reaccionan con el bicarbonato, dañándolas y desgastándolas a largo plazo. Es preferible limpiarlas con una mezcla de agua y jabón de lavavajillas con pH neutro.
4. Estufas lisas
Si bien, el bicarbonato puede utilizarse para limpiar algunas estufas eficazmente, cuando el electrodoméstico tiene una superficie de vidrio o cerámica, no es tan buena idea, pues el bicarbonato puede dejar residuos y dañar el material. En estos casos, es mejor utilizar otro tipo de desengrazantes o productos especiales para cocina.
5. Joyas
Como se ha mencionado, la consistencia arenosa del bicarbonato puede rayar y dañar materiales sensibles. En joyas de oro o plata es mejor utilizar un limpiador para ese material, pues dañar una pieza valiosa para ti puede ser molesto, más si es evitable.

Agencias

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