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Bienestar

¿Por qué tu maquillaje se ve mejor después tras tomar una siesta?

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Ciudad de México- ¿Te ha pasado? Sales con prisa, sientes que tu maquillaje no quedó perfecto…, pero después de una siesta o unas horas, tu piel se ve mejor, más uniforme y con un glow natural inesperado.
Aunque parezca coincidencia, en realidad hay una explicación detrás de este efecto que muchas personas notan, y tiene que ver tanto con la piel como con la forma en que se comportan los productos con el paso del tiempo.

El maquillaje necesita “asentarse”
Uno de los principales motivos es que el maquillaje no luce igual recién aplicado que después de unas horas.
Con el tiempo, productos como la base, el corrector o el blush se integran mejor con la piel. Este proceso —conocido como “asentarse”— hace que las texturas se fundan, se suavicen y se vean menos evidentes, logrando un acabado más natural.

La piel produce aceites naturales
Durante el día (y también mientras duermes), la piel produce sebo de forma natural. Aunque muchas veces se busca controlar este brillo, en pequeñas cantidades puede jugar a favor del maquillaje, ya que aporta ese efecto glow que hace que la piel luzca más saludable y menos acartonada.
Dormir también ayuda a que la piel retenga mejor la hidratación. Cuando la piel está más hidratada, el maquillaje se ve más uniforme, con menos parches o líneas marcadas. Esto puede hacer que, al despertar, el rostro tenga un acabado más pulido que justo después de aplicar los productos.

Menos textura, más naturalidad
Con el paso de las horas, ciertos detalles del maquillaje —como líneas muy marcadas o exceso de producto— tienden a suavizarse. Esto no significa que el maquillaje “mejore” por sí solo, sino que se vuelve más sutil, lo que muchas veces se percibe como un resultado más favorecedor.
Aunque el efecto puede gustar, dormir con maquillaje no es lo ideal. Dejar los productos en la piel por mucho tiempo puede obstruir los poros, provocar brotes o afectar la salud de la piel a largo plazo. Por eso, lo mejor es disfrutar del efecto durante el día, pero siempre retirar el maquillaje antes de dormir por la noche.
Lo que parece un “milagro beauty” en realidad es una combinación de factores: la piel, el tiempo y cómo reaccionan los productos. Así que la próxima vez que sientas que tu maquillaje se ve mejor después de dormir, ya sabes que no es tu imaginación… es química (y un poco de glow natural).

Agencias

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Bienestar

El arte de no dejarlo todo para después

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La procrastinación encierra complejas motivaciones. He aquí algunas, y algunos consejos para el “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”

Por Pilar Jericó

Madrid, España.-Lo confieso: antes de escribir la primera frase de este artículo, he revisado los mensajes electrónicos tres veces, he consultado otras tantas el pronóstico del tiempo, he leído las noticias… He procrastinado, como se dice técnicamente cuando no paramos de aplazar algo. Como consuelo, sé que no soy la única. Todos podemos procrastinar actividades puntuales que, aunque podamos disfrutarlas, también requieren cierto esfuerzo, como hacer deporte, mantener una conversación difícil, terminar un informe complicado o, sencillamente, ordenar un armario siempre olvidado. Solo el 20% de los adultos presenta este comportamiento de forma sistemática ante cualquier tarea que implique un mínimo esfuerzo, según el psicólogo Joseph Ferrari, una de las mayores autoridades en la materia. Lo verdaderamente creativo son las excusas con las que justificamos la decisión: mañana tendré más ganas, todavía no sé lo suficiente para ponerme con ello y funciono mejor bajo presión, entre otras. Sin embargo, la procrastinación esconde mucho más de lo que aparenta.

El término proviene del verbo latino procrastinare (de pro y crastinus), que se utilizaba en la Roma clásica cuando se aplazaban de manera deliberada decisiones políticas o jurídicas al día siguiente. Sin embargo, desde el siglo XVI hasta bien entrada la década de 1970, se empleó sobre todo como una crítica moral a conductas que se atribuían a la desgana o a una mala planificación. Solo desde hace medio siglo se ha empezado a entender que la procrastinación no habla de pereza, sino de nuestra relación con el malestar y con el tiempo.

Uno de los pioneros en estudiar esta conducta fue Timothy Pychyl, de la Universidad de Carleton (Canadá), quien la vinculó a motivos emocionales. Posponemos el esfuerzo cuando somos excesivamente perfeccionistas, cuando la tarea nos genera inseguridad, nos aburre o, sencillamente, cuando no nos encontramos bien. El alivio momentáneo que sentimos al posponer es, precisamente, lo que alimenta la tendencia a seguir haciéndolo más tiempo. Otra explicación sugerida por Hal Hershfield, de la Universidad de California (UCLA), se basa en la fantasía de nuestro “yo futuro”. Sabemos que ese informe, la conversación pendiente o esa decisión incómoda no desaparecen, pero actuamos como si el costo no fuera a recaer sobre nosotros mismos. Como si se lo dejáramos a “otro”.

Los contextos digitales en los que vivimos tampoco ayudan. La multitarea y la interrupción constante reducen nuestra tolerancia al esfuerzo y dificultan la concentración. El problema parece haber dejado de ser individual para convertirse en colectivo, al vivir inmersos en sistemas diseñados para capturar nuestra atención y ofrecernos recompensas inmediatas. Sea por unas causas u otras, el precio de esta conducta es alto. Fuschia Sirois, profesora de la Universidad de Durham, concluyó, tras un metaanálisis realizado durante más de ocho años con miles de personas, que la procrastinación sistemática incrementa el estrés, la sensación de culpa y disminuye la autoestima. De ahí la importancia de aprender a afrontarla.

Un primer paso consiste en reconocer la emoción. Según los estudios mencionados, el aplazamiento no suele estar relacionado con la dificultad de la tarea, sino con lo que nos despierta afrontarla. Reconocer dicha emoción ayuda a reducir su poder paralizante. Otra estrategia útil es aplicar la “regla de los cinco minutos”: iniciar la actividad con un paso pequeño, incluso ridículo. Algo tan simple como decirnos: voy a ponerme con este informe solo cinco minutos; si después quiero parar, lo haré.

No conviene dejarlo todo en manos de la fuerza de voluntad. Reducir los distractores visibles, como el celular, o eliminar fricciones, como tener los materiales preparados, puede marcar la diferencia. En algunos casos, la colaboración con terceras personas resulta una ayuda, como trabajar acompañados o hacer deporte en grupo. También puede ser útil diseñar pequeñas recompensas al finalizar la tarea.

Cuando la procrastinación se debe a un exceso de perfeccionismo, conviene desvincular la identidad del rendimiento. Una tarea mal hecha no define nuestro valor personal, del mismo modo que asumirnos como aprendices permanentes nos libera de la presión de hacerlo todo perfecto. Pensar en términos de borrador, prueba o versión provisional puede ser suficiente para dar el primer paso. Según los estudios de Hershfield, también ayuda “reconciliarnos con nuestro yo futuro”. Fantaseamos con que mañana tendremos más fuerza para afrontar lo difícil. Por último, conviene escuchar la procrastinación cuando responde a un agotamiento real. A veces no es miedo, sino saturación y cansancio. Aprender a parar y descansar de verdad nos permite retomar las tareas pendientes con mayor claridad y energía.

Quizá el verdadero aprendizaje de la procrastinación no consista solo en vencerla, sino en escuchar lo que quiere decirnos. A veces señala miedo; otras, cansancio; otras, una exigencia excesiva hacia nosotros mismos. Dejar las cosas para mañana no es solo un problema de agenda: es una manera de relacionarnos con el tiempo y con uno mismo. Y tal vez el arte de no procrastinar empiece cuando dejamos de empujarnos y comenzamos, por fin, a acompañarnos.

La autora es experta en comportamiento humano.

 

 

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Bienestar

¿Consumes papaya en el desayuno?

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Ciudad de México.- Las frutas son un elemento clave en el desayuno, por lo que elegir la opción adecuada puede favorecer la salud del cuerpo y dotarlo de energía. Y la papaya se posiciona como la mejor opción al ser rica en agua, fibra y enzimas.
Si quieres saber por qué muchos expertos en nutrición recomiendan consumirla, sigue leyendo porque te damos los detalles.

¿Qué nutrientes tiene la papaya?
Si bien su sabor puede intimidar a algunas personas, la papaya, fruta tropical originaria de América, es el alimento ideal para un desayuno completo y balanceado. De acuerdo con el portal médico Vimec, una porción pequeña de 152 g concentra los siguientes nutrimentos:
• Calorías: 59
• Carbohidratos: 15 g
• Fibra: 3 g
• Proteínas: 1 g
• Vitamina C
• Vitamina A
• Folato
• Potasio
Además, contiene pequeñas cantidades de calcio, magnesio y vitaminas del complejo B, entre ellas, la B1, B3 y B5.
Esta misma fuente señala que la papaya es rica en carotenoides y antioxidantes, especialmente en licopeno, compuesto asociado con la protección celular, la salud cardiovascular y la reducción del daño causado por los radicales libres.
Por su parte, un artículo del sitio de salud Healthline detalla que la fruta es rica en papaína, enzima digestiva capaz de descomponer las proteínas. Por eso, además de utilizarse como ablandador natural de carne en recetas, puede favorecer la digestión, reducir la inflamación abdominal y facilitar el tránsito intestinal.
Otra cualidad de la papaya es que ayuda a que el cuerpo absorba con facilidad los antioxidantes, lo que permite combatir el estrés oxidativo y fortalecer el sistema inmunológico, sobre todo cuando se consume fresca y en ayunas.

¿Qué pasa si desayunas papaya todos los días?
Elegir este alimento por las mañanas puede resultar muy benéfico. En muchos planes alimenticios se encuentra presente para ayudar a reducir el peso corporal, sin perder las dosis de nutrientes necesarios al día.
Según los expertos del sitio Everyday Health, a diferencia de otras frutas, la papaya contiene menos calorías por porción y es rica en fibra, lo que ayuda a prolongar la sensación de saciedad y promueve una digestión saludable.
En gran parte, esos efectos se deben a su contenido elevado de agua, que contribuye a mejorar el tránsito intestinal y aliviar malestares como el estreñimiento.
Y gracias a su la papaína, así como a otras enzimas naturales, comerla a primera hora del día facilita el procesamiento de los alimentos, mientras que puede regular la inflamación a través de sus proteínas conocidas como citocinas.
Como lo mencionamos anteriormente, sus antioxidantes juegan un papel clave. Y es que nutrientes como la luteína y la zeaxantina, junto con la vitamina E, protegen la salud visual e incluso reducen el riesgo de padecimientos oculares relacionados con la edad, como la degeneración macular.
Finalmente, la revista médica “Tua Saúde” señala que, cuando se consume en ayunas, la fibra de la papaya puede disminuir la absorción de grasas a nivel intestinal, disminuyendo los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre. A su vez, esto previene enfermedades cardiovasculares como la aterosclerosis o infartos.
Comer papaya todos los días en el desayuno puede ser una manera sencilla de mantener el cuerpo en óptimas condiciones y darle una sensación de ligereza.

Agencias

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Bienestar

¿Por qué recomiendan poner una esponja en la lavadora?

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Ciudad de México.- En los últimos meses, un truco doméstico ha ganado popularidad en redes sociales y foros de limpieza del hogar: colocar una esponja dentro de la lavadora junto con la ropa.
Cuando se lava la ropa, es común que, aunque las prendas salgan limpias, queden cubiertas de pelusa o pelos de animales.
De acuerdo con el sitio especializado en limpieza y mantenimiento del hogar, Cleanipedia, la esponja de cocina puede ayudar a reducir este problema al actuar como un captador de residuos durante el ciclo de lavado.

¿Cómo funciona el truco de la esponja en la lavadora?

El principio detrás de este truco es sencillo. La superficie porosa de la esponja funciona como un punto de adhesión para pelos, fibras textiles y pelusa que se desprenden de la ropa mientras gira el tambor. En lugar de redistribuirse entre las prendas o acumularse en el filtro del electrodoméstico, estos residuos quedan atrapados en la esponja.
De acuerdo con guías de higiene del Global Hygiene Council y manuales de mantenimiento de electrodomésticos, este tipo de superficies porosas pueden retener partículas ligeras cuando están en constante movimiento y contacto con el agua. Por ello, el truco resulta especialmente útil en cargas con ropa de algodón, toallas o prendas que suelen soltar fibras.
Para aplicar de manera correcta este método, se recomienda utilizar una esponja nueva o perfectamente limpia, sin restos de detergente, grasa o productos abrasivos. Debe colocarse dentro del tambor antes de iniciar el ciclo normal de lavado, junto con la ropa. Al finalizar, la esponja suele salir cubierta de pelos y pelusas, lo que confirma su función como recolector de residuos.

Recomendaciones y cuidados al usar este método

Especialistas advierten que este truco no sustituye la limpieza regular de la lavadora. Durante el verano, por ejemplo, se recomienda limpiar el electrodoméstico cada 10 o 15 lavados o al menos una vez al mes, debido a la acumulación de sudor, humedad y restos orgánicos que favorecen la aparición de hongos y malos olores.
La limpieza adecuada consiste en realizar un ciclo con el tambor vacío, utilizando agua caliente por encima de los 60 grados centígrados, así como revisar y limpiar el filtro cada dos o tres meses. De acuerdo con manuales técnicos de fabricantes y organismos de higiene, estas prácticas prolongan la vida útil del equipo y mejoran el desempeño del lavado.
Asimismo, la esponja utilizada en este truco debe desecharse o desinfectarse después de uno o dos usos, ya que acumula residuos que pueden convertirse en un foco de bacterias. No se recomienda reutilizarla para lavar platos u otras tareas domésticas.

Agencias

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