Ciencia
¿Qué tienen en común los cacahuetes y los chícharos?
Ciudad de México.- A primera vista, los cacahuetes y los guisantes o chícharos no parecen tener mucho en común en nuestra gastronomía. Los cacahuetes suelen ser utilizados como aperitivo, al igual que otros frutos secos; mientras que los guisantes suelen utilizarse como ingrediente en platos tradicionales, como los típicos guisantes con jamón, o en la menestra de verduras por ejemplo.
Pero lo cierto es que, según advierte Maite Aguas Ayesa, dietista-nutricionista en la Clínica Universidad de Navarra, , ni los cacahuetes son frutos secos, ni los guisantes son verdura: “Si nos remontamos a su origen, ambos proceden de la familia de las leguminosas, es decir, que son legumbres ambas. Así pues, el cacahuete es la semilla comestible de la planta leguminosa Arachis hypogaea; mientras que los guisantes son las semillas de la planta Pisum sativum”.
Es más, si pensamos en legumbres, siempre nos vienen a la cabeza las lentejas, los garbanzos, las alubias pero, ¿qué más son legumbres y no sabemos, o no somos conscientes de ello? Esta experta nos cuenta que la familia de las leguminosas es muy diversa, por lo que existe más variabilidad de la que podemos pensar de inicio: “A las tradicionales lentejas, garbanzos, habas, y alubias, tenemos que sumar también los cacahuetes y los guisantes ya mencionados. Para completar el grupo de las leguminosas comestibles debemos incluir también la soja, los altramuces, y la algarroba”.
La soya, el tempeh y el miso
En este sentido reconoce que la soya, de origen asiático, no se ha consumido tradicionalmente en España, si bien su consumo y el de sus derivados se ha popularizado en los últimos años. “Actualmente, el consumo de bebida de soya, de soya texturizada, y de otros derivados como el tempeh, o el miso cada vez es más habitual en nuestro entorno. Por su parte, los altramuces, son también un aperitivo habitual que se consume sobre todo en el sur de nuestro país. Por último, la algarroba, también menos conocida, suele consumirse en forma de harina, y es utilizada como sustituto del chocolate en la preparación de recetas dulces”, detalla Aguas Ayesa.
El poder de las legumbres
Con ello, esta dietista-nutricionista en la Clínica Universidad de Navarra remarca que el poder de las legumbres deriva sobre todo de su composición nutricional y de su alto valor nutritivo. “Son una fuente importante tanto de energía, como de nutrientes importantes para la salud. En general, aportan una cantidad significativa de hidratos de carbono complejos (55 gramos / 100 gramos), proteínas (20 gramos/ 100 gramos), y de fibra (15 gramos/ 100 gramos), junto con un aporte bajo de grasa”, sostiene.
No obstante, sí advierte de que, debido a la gran variedad de legumbres de las que disponemos, no todas ellas comparten la misma composición nutricional y algunas destacan por su aporte elevado en ciertos nutrientes: “Es así el caso de la soya, que destaca por ser más rica en proteínas y en grasas, pero más pobre en hidratos de carbono. O los cacahuetes, con un alto aporte en grasa en comparación con el resto de legumbres. De cualquier forma, todas ellas presentan una composición que las hace saludables y saciantes. Además, cabe destacar su gran versatilidad, ya que pueden ser utilizadas tanto como ingredientes principales, como en forma de aperitivos”.
Raciones semanales
Sin ninguna duda, sostiene esta experta, las legumbres deberían formar parte de la alimentación habitual de la población general. Y por eso, tal y como prosigue, las recomendaciones generales de alimentación saludable en la actualidad van orientadas a una alimentación basada en plantas, con alto consumo de alimentos de origen vegetal (frutas, verduras, frutos secos, semillas y legumbres), y hacia un consumo moderado, bajo, o nulo de alimentos de origen animal (carne, huevos, pescado y sus derivados).
En este contexto, apunta Maite Aguas que la frecuencia de consumo de las legumbres dependerá en gran medida de si se consumen o no estas fuentes de proteína de origen animal, pudiendo ir desde un consumo diario hasta un consumo de 3-4 días por semana.
¿Da igual que se consuman a la hora de comer que por la noche? Defiende esta experta de la Clínica Universidad de Navarra que las legumbres pueden consumirse en cualquier momento del día.
“Lo que sí hay que tener en consideración es que para algunas personas pueden ser más difíciles de digerir que otros alimentos y que, por la noche, una mala digestión puede empeorar el descanso nocturno”, avisa la dietista-nutricionista.
Por tanto, mantiene que, si este es tu caso, es oportuno tener en cuenta algunos aspectos para mejorar su digestibilidad sobre todo a la hora de consumirlas por la noche:
– Asegurar un tiempo suficiente entre su consumo y el momento de tumbarnos o de irnos a dormir.
– Asegurar un tiempo suficiente de remojo antes de su cocción, u optar por las legumbres ya cocidas, a las que eliminaremos el líquido de la conserva.
– Optar por preparaciones donde la legumbre esté machacada o triturada: hamburguesas, falafel, hummus, cremas, entre otros.
– Utilizarlas a modo de complemento, no como ingrediente principal, añadiéndolas por ejemplo a ensaladas.
– Optar por legumbres con menos cantidad de fibra, como la lenteja roja, ya que su digestión va a ser mejor.
Agencias
Ciencia
¿Por qué sonreímos?
Un estudio con macacos revela que los gestos no son meros reflejos emocionales, sino el resultado de una compleja coordinación entre distintas regiones cerebrales que operan a velocidades diferentes
Ciudad de México.- Sonreír, fruncir el ceño, mostrar los dientes en señal de amenaza. Los primates —humanos incluidos— utilizamos constantemente el rostro para comunicarnos, pero hasta ahora se desconocía cómo el cerebro coordina los músculos faciales para producir estos gestos. Un nuevo estudio publicado hoy jueves en la revista Science demuestra que las expresiones faciales no son simples descargas emocionales automáticas, sino el producto de una red cortical distribuida que funciona con una jerarquía temporal: algunas regiones procesan información rápida y dinámica para controlar el movimiento momento a momento, mientras que otras mantienen representaciones estables, que podrían reflejar el contexto social.
El trabajo, liderado por Geena Ianni, de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, registró la actividad de cientos de neuronas en cuatro regiones cerebrales de dos macacos mientras los animales producían espontáneamente tres tipos de gestos: lipsmack (chasquido de labio, como una sonrisa), amenaza y masticación. Los resultados echan por tierra la idea clásica de que existe una división estricta entre circuitos cerebrales: uno lateral para movimientos voluntarios y otro medial —que atraviesan la línea media del cerebro— para expresiones emocionales.
“Lo que hemos encontrado es que todas las regiones corticales motoras faciales están involucradas en todos los tipos de gestos”, explica Ianni. Es decir, que todas las zonas que antes se suponían separadas para diferentes tipos de gestos contienen neuronas que respondían tanto a gestos socioemocionales como a movimientos voluntarios.
Para desentrañar cómo operan estas regiones en conjunto, los investigadores utilizaron técnicas de resonancia magnética combinadas con implantes de microelectrodos. La clave fue registrar la actividad cerebral simultáneamente en las cuatro áreas mientras los animales interactuaban con estímulos sociales —vídeos de congéneres, avatares interactivos o encuentros cara a cara— que provocaban gestos naturales sin entrenamiento previo.
El hallazgo más sorprendente fue que las regiones cerebrales no se organizan según una jerarquía espacial clásica —de áreas inferiores a superiores— sino según una jerarquía temporal.
Los resultados también desafían la idea de que las expresiones faciales son meros reflejos. La actividad neuronal segregaba los distintos tipos de gestos mucho antes de que comenzara el movimiento —hasta un segundo antes—, lo que indica preparación e intencionalidad. Además, las trayectorias neuronales de cada gesto nunca se solapaban, incluso en períodos de reposo facial, sugiriendo que el cerebro ya está preparando el gesto específico que vendrá.
“Los hallazgos de Ianni y sus colegas tienen implicaciones notables para entender la evolución y función de las expresiones faciales”, escriben Bridget Waller y Jamie Whitehouse, investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), en un comentario en la misma revista. “La visión clásica —que las expresiones faciales señalizan un estado emocional interno— sugiere que compartir emociones sentidas es evolutivamente adaptativo y ha sido seleccionado para facilitar las interacciones sociales con otros. Esto puede ser cierto hasta cierto punto, pero si las expresiones faciales se planifican, entonces queda en entredicho hasta qué punto representan siempre lecturas honestas y precisas del estado interno”, añaden. Es decir: cuando sonreímos o amenazamos, nuestro cerebro está ejecutando una compleja sinfonía neuronal en la que diferentes secciones de la orquesta —rápidas y lentas, dinámicas y estables— colaboran para producir el gesto exacto en el momento social preciso.
Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología en el Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, que no ha participado en el estudio, valora que “la novedad principal radica en que las regiones de la corteza frontal del cerebro que controlan los músculos de las expresiones faciales voluntarias y las que controlan las expresiones faciales emocionales codifican ambos tipos de expresión”. Sin embargo, añade una nota de cautela sobre las implicaciones: “La investigación tiene más interés neurológico que psicológico, pues no hay novedad en cuanto al papel social de las expresiones faciales”.
Según sus autores, el trabajo tiene potenciales implicaciones clínicas. Comprender cómo funciona nuestro cerebro a la hora de generar nuestras expresiones podría usarse en el diseño de interfaces cerebro-computadora, para restaurar estas funciones en pacientes con lesiones cerebrales.
El País
Ciencia
Deja atrás estos 8 mitos sobre el sexo
Que los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres o que el sexo planificado es aburrido son creencias falsas que limitan el placer
The New York Times
Ciudad de México.-
Atribúyelo a la variabilidad de la educación sexual, en las secundarias e incluso en las facultades de medicina, o al hecho de que a muchos adultos les cuesta hablar de sexo incluso con quienes los ven desnudos regularmente. Sea cual sea la razón, la desinformación sobre la sexualidad y el deseo es muy común.
“Existen muchos mitos”, dijo Laurie Mintz, profesora emérita de psicología de la Universidad de Florida, quien se centra en la sexualidad humana. Y, añadió, pueden “causar mucho daño”.
Por eso, la sección Well se puso en contacto con un grupo de terapeutas e investigadores sexuales y les pidió que compartieran un mito que desearían desaparecer.
Esto es lo que dijeron.
Mito 1: los demás tienen más sexo que tú
“Curiosamente, este mito se mantiene a lo largo de toda la vida”, dijo Debby Herbenick, directora del Centro de Promoción de la Salud Sexual de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana y autora de Yes, Your Kid: What Parents Need to Know About Today’s Teens and Sex.
Muchos adolescentes creen que “todo el mundo lo está haciendo”, dijo, lo que los lleva a lanzarse a mantener relaciones sexuales para las que no están preparados. Este mito también puede hacer que las personas mayores en relaciones largas se sientan fatal, como si fueran las únicas que atraviesan un periodo de “sequía”, cuando en realidad solo experimentan el sube y baja natural del deseo.
“Es bastante habitual que una de cada tres personas no haya mantenido relaciones sexuales en pareja durante el año anterior”, afirmó Herbenick, refiriéndose a varias encuestas representativas a nivel nacional. También señaló que los estudios en los que ha trabajado muestran que la actividad sexual ha disminuido en los últimos años por razones que no se comprenden del todo. (Los investigadores han planteado la hipótesis de que el descenso tiene que ver con factores como el aumento del sexting o sexteo y la pornografía en línea, así como la disminución del consumo de alcohol entre los jóvenes).
“Normalizar que hay periodos de poco o ningún sexo en pareja puede ser de ayuda”, dijo Herbenick. “Dicho esto, para aquellos que buscan algo de longevidad en su vida sexual en pareja, es importante pensar en el sexo de una manera holística”. Eso significa cuidar la salud física y mental, explicó, y hablar de los sentimientos con la pareja para mantener la sensación de intimidad y conexión.
Mito 2: sexo significa penetración
Los terapeutas sexuales suelen lamentar que la gente se quede atrapada en ciertos “guiones sexuales”, o en la idea de que el sexo debe desarrollarse de una manera determinada: normalmente, un poco de juegos preliminares que conducen al coito.
Pero “tenemos que ir más allá de definir el sexo por un único comportamiento”, dijo Ian Kerner, terapeuta sexual y autor de Ellas llegan primero. Señaló que este tipo de pensamiento estrecho ha contribuido a la prolongada brecha de placer entre hombres y mujeres en los encuentros heterosexuales. Por ejemplo, un estudio reveló que el 75 por ciento de los hombres heterosexuales afirmaban haber tenido un orgasmo cada vez que habían mantenido relaciones sexuales íntimas en el último mes, frente al 33 por ciento de las mujeres heterosexuales.
Una encuesta reveló que el 18 por ciento de las mujeres alcanzaban el orgasmo solo con la penetración, mientras que el 37 por ciento afirmó necesitar también la estimulación del clítoris para llegar al orgasmo durante el coito. En lugar de precipitarse hacia el coito, hay que centrarse en el “coito sin penetración”, un término que engloba cualquier actividad sexual que no implique penetración, explicó Kerner.
“Si nos fijamos en la mayoría de las películas convencionales, la imagen es la de mujeres que tienen estos orgasmos rápidos y fabulosos durante la penetración, y los juegos previos son apenas la antesala de ese evento principal”, dijo Mintz. “En realidad, científicamente, eso es realmente perjudicial y falso”.
En una encuesta realizada a miles de mujeres para su libro Becoming Cliterate, Mintz descubrió que el porcentaje de mujeres que afirmaba haber tenido un orgasmo solo con la penetración era del 4 por ciento o menos.
Equiparar sexo con penetración también deja fuera a las personas que tienen sexo de otras formas. Por ejemplo, Joe Kort, terapeuta sexual, ha acuñado el término sides, (costados en inglés), para describir a los hombres homosexuales que no practican sexo anal. Lexx Brown-James, terapeuta sexual, afirma que ese punto de vista también pasa por alto a las personas con ciertas discapacidades, así como a quienes simplemente no disfrutan con la penetración. Muchas personas encuentran mayor satisfacción sexual en cosas como el sexo oral o “incluso apenas el contacto corporal”, dijo.
Mito 3: las vaginas no necesitan lubricante adicional
Las mujeres posmenopáusicas a veces describen el dolor que experimentan durante las relaciones sexuales con penetración como una sensación de “lija” o “cuchillos”. Pero aunque la sequedad vaginal afecta en mayor medida a las mujeres de más edad, puede producirse en cualquier momento de la vida, afirmó Herbenick, lo que tiene implicaciones para la vida sexual de las mujeres.
Se calcula que el 17 por ciento de las mujeres de entre 18 y 50 años sufren sequedad vaginal durante las relaciones sexuales, mientras que más del 50 por ciento la experimentan después de la menopausia. Señaló que también es más frecuente durante la lactancia o la perimenopausia, y que ciertos medicamentos, incluidos algunos anticonceptivos, pueden reducir la lubricación.
“Como suelo decir a mis estudiantes: las vaginas no son selvas tropicales”, dijo Herbenick, señalando que su investigación ha encontrado que la mayoría de las mujeres estadounidenses han utilizado un lubricante en algún momento. “Podemos sentirnos excitadas o enamoradas y aun así no lubricar como quisiéramos”.
Mito 4: es normal que el sexo duela
Aunque el lubricante puede ayudar a algunas mujeres a experimentar más placer durante las relaciones sexuales, es importante recordar que el sexo no debe doler. Se calcula que el 75 por ciento de las mujeres experimentan dolor durante las relaciones sexuales en algún momento de su vida, lo que puede tener muchas causas: problemas ginecológicos, cambios hormonales, tratamiento del cáncer, traumatismos… y la lista continúa.
Shemeka Thorpe, investigadora y educadora en sexualidad especializada en el bienestar sexual de la mujer negra, afirmó que muchas mujeres creen que el dolor durante o después del acto sexual es señal de buen sexo.
“Sabemos que muchas veces las personas que acaban teniendo algún tipo de trastorno de dolor sexual más adelante en la vida en realidad tuvieron dolor sexual durante su primera vez, y continuaron teniendo dolor sexual o dolor vulvar”, dijo Thorpe. “No se dieron cuenta de que era un problema”.
También los hombres pueden experimentar dolor durante el coito. Los expertos insisten en la importancia de que toda persona que experimenta dolor durante las relaciones sexuales acuda a un médico.
Mito 5: los hombres siempre quieren más que las mujeres
“La discrepancia en el deseo es el problema número 1 que trato en mi consulta, y de ningún modo la pareja más deseosa es siempre masculina”, afirmó Kerner. “Pero debido a este mito, los hombres suelen sentir vergüenza en torno a su falta de deseo, y una presión para iniciar siempre”.
(Herbenick señaló el mito relacionado de que las mujeres no se masturban, que según ella les impide explorar plenamente su sexualidad).
Pero aunque hay datos que sugieren que los hombres se masturban con más frecuencia que las mujeres, es falso que las mujeres no deseen sexo o que los hombres siempre lo deseen, dijo Brown-James. Por ejemplo, un estudio reciente descubrió que el deseo de las mujeres tendía a fluctuar más a lo largo de su vida, pero que hombres y mujeres experimentaban fluctuaciones del deseo muy similares a lo largo de la semana.
Mito 6: el deseo debe producirse al instante
En general, los terapeutas e investigadores sexuales creen que hay dos tipos de deseo: el espontáneo, o sensación de querer sexo de la nada, y el receptivo, que surge en respuesta a estímulos, como el tacto.
La gente tiende a pensar que el deseo espontáneo —que es lo que muchos amantes experimentan al principio de la relación— es de algún modo mejor.
Sin embargo, Lori Brotto, psicóloga y autora de Better Sex Through Mindfulness, afirmó que gran parte de su trabajo consiste en normalizar el deseo receptivo, sobre todo entre las mujeres y las personas que mantienen relaciones duraderas.
Les ayuda a entender que es posible practicar sexo sin deseo espontáneo, siempre que haya voluntad y consentimiento. Brotto lo compara con ir al gimnasio cuando no te apetece. “Las endorfinas empiezan a fluir, te sientes muy bien y después agradeces haber ido”, dijo.
Mito 7: el sexo planificado es aburrido
Brotto tampoco está de acuerdo con la idea de que “el sexo planificado es mal sexo”, porque lo convierte en “clínico, seco y aburrido”.
Este punto de vista es “muy perjudicial”, dijo. Y hace que muchas personas traten el sexo como algo secundario, que solo lo practiquen a altas horas de la noche, cuando están agotados o distraídos, si es que sacan tiempo para ello.
Cuando a sus clientes les molesta la práctica de programar las relaciones sexuales, ella les pregunta: ¿hay muchas otras actividades en tu vida que te gustan o son importantes para ti y que nunca planificas ni anotas en el calendario? La respuesta suele ser no.
El sexo programado también puede prestarse a responder al deseo, dijo Brotto, dando “tiempo a que escale la excitación”.
Mito 8: tu pene no está a la altura
Los hombres están sometidos a cierta presión en lo que se refiere al aspecto o el funcionamiento de su pene, dijo Kerner. Los más jóvenes creen que no deberían tener disfunción eréctil, mientras que los mayores reciben el mensaje de que la eyaculación precoz es algo que se supera con la edad y la experiencia.
Los datos hablan de otra cosa. Aunque la disfunción eréctil —que se define como una incapacidad constante para lograr o mantener una erección, no solo problemas ocasionales de erección— tiende a aumentar con la edad, también afecta a un porcentaje estimado del 8 por ciento de los hombres de 20 años y al 11 por ciento de los de 30 años. Y el 20 por ciento de los hombres de entre 18 y 59 años afirman sufrir eyaculación precoz.
“No tenemos una pastillita azul que haga desaparecer la eyaculación precoz, así que no estamos teniendo la misma conversación cultural que con la disfunción eréctil”, dijo Kerner. “Solo nos quedamos con los mitos de que los chicos con eyaculación precoz son malos en la cama, o sexualmente egoístas”.
Asimismo, los estudios demuestran que a muchos hombres —homosexuales y heterosexuales— les preocupa que su pene no esté a la altura, aunque muchas parejas digan que no prefieren un pene especialmente grande.
“El sexo en pareja es complejo”, afirmó Kerner. “Implica tocarse, sintonizar, conectar, comunicarse”.
The New York Times
Ciencia
Muertas de sueño: qué estropea el descanso de las mujeres
Ellas duermen peor que ellos por los cambios hormonales, la carga mental y la falta de corresponsabilidad. Estos factores afectan a la salud mental y al riesgo de sufrir enfermedades crónicas
Ciudad de México.- Las estadísticas del sueño también tienen género: las mujeres duermen peor y reportan más cansancio que los varones. Así lo señalan estudios como la Encuesta Global del Sueño 2025 que, tras analizar las entrevistas a más de 30,000 personas en 13 países, encontró que el 38% de las mujeres tiene dificultades para conciliar el sueño más de tres veces por semana, frente al 29% de los hombres.
En España, estudios científicos recientes, como el publicado en 2023 en el European Journal of Public Health, también han mostrado esta tendencia: que las mujeres tienden a reportar peor calidad de sueño que los hombres, incluso cuando las horas totales no son muy distintas, lo que sugiere diferencias en cómo se duerme y se percibe el descanso entre sexos. Casi una de cada cuatro mujeres experimenta sueño inquieto de manera recurrente, mientras que entre los hombres la proporción se reduce a uno de cada ocho.
Según María José Aróstegui, psicóloga y miembro del grupo de trabajo de insomnio de la Sociedad Española de Sueño (SES), estos problemas tienen muchas veces un origen físico: “Nuestro sistema endocrino está íntimamente ligado a los centros del sueño en el cerebro. Por eso, los cambios en los niveles de estrógeno y progesterona son determinantes”.
La neuróloga Ana Fernández Arcos, de la Sociedad Española de Neurología (SEN), explica que estas alteraciones comienzan desde la pubertad, cuando el ritmo circadiano de las niñas se adelanta respecto al de los niños. “El ciclo menstrual provoca variaciones en la arquitectura del sueño que, en algunos casos, pueden ser clínicamente significativas, con despertares o sueño menos reparador”, dice. Durante el embarazo y la lactancia, añade, se ve afectado “no solo por los cambios hormonales, sino también por el propio estado de gravidez y la prolactina que regula el descanso entre tomas”. Sobre la perimenopausia, la experta señala que “hasta un 60 % de las mujeres experimenta problemas de sueño clínicamente significativos, como despertares nocturnos espontáneos o sofocos”.
Además, según la neuróloga, las mujeres tienen “mayor susceptibilidad a la necesidad de dormir tras muchas horas despiertas, cambios de cortisol al despertar y una mayor frecuencia de ansiedad o depresión”, todos ellos factores que contribuyen a que su sueño sea más fragmentado y de menor calidad. En palabras de Fernández Arcos: “El sueño femenino está marcado por la interacción compleja de hormonas, ritmos biológicos y salud mental: muchas mujeres duermen más horas, pero descansan menos”.
En estado de alerta
Más allá de los factores físicos, el contexto es clave en los problemas de sueño, según la socióloga y doctora en Salud Pública Amaia Bacigalupe de la Hera. Las personas de clases más desfavorecidas o con trabajos menos cualificados suelen experimentar más problemas de sueño, probablemente porque enfrentan más estrés y dificultades asociadas a la vida cotidiana. El género añade otra capa a estas desigualdades a través de los roles sociales que siguen recayendo sobre las mujeres: trabajos de cuidado, organización del hogar, planificación de redes familiares y sociales, y la carga mental asociada a sostener relaciones y responsabilidades invisibles. “Estas tareas, invisibles, no remuneradas y sin límites claros, perturban el sueño y afectan de manera significativa la salud de las mujeres”, reflexiona Bacigalupe.
El estrés situacional es clave, según María José Aróstegui: “Las preocupaciones por el trabajo, la salud familiar y la economía mantienen el cerebro en un estado de hiperalerta”. Explica la psicóloga que la carga mental no consiste solo en hacer cosas, sino en planificarlas y recordarlas constantemente: “Hay estudios que muestran que las mujeres, al asumir el rol de vigilantes del hogar, mantienen esta alerta incluso mientras duermen, lo que fragmenta su descanso. Además, las mujeres puntuamos más alto en escalas de rumiación [que miden la tendencia de una persona a darle demasiadas vueltas a pensamientos negativos]”. La Encuesta Global del Sueño 2025 confirma que las responsabilidades familiares y el equilibrio entre vida laboral y personal afectan de manera significativa más a las mujeres.
No es de extrañar que, como cuenta Ana Fernández Arcos, existan diferencias relacionadas con el género en la oportunidad de dormir. Es decir, de tener una duración de sueño adecuada sin interrupciones, en un horario regular y del que resulte una sensación de descanso reparador estando en condiciones óptimas. Este hecho, dice Fernández, suele ser alterado por factores individuales y también interpersonales como, por ejemplo, el periodo de crianza de los hijos. Y, aunque pueda parecer anecdótico, la ciencia lo confirma: las mujeres duermen peor cuando duermen acompañadas.
Un estudio publicado en European Respiratory Journal analizó cómo dormir con una pareja que ronca afecta la calidad objetiva del sueño de las mujeres. Las participantes tuvieron registros del sueño dos noches seguidas: una durmiendo con su pareja y otra durmiendo solas, y se encontró que, al dormir solas, las mujeres tenían menos despertares y más sueño ligero estable, lo que sugiere que compartir la cama con una persona que se mueve o ronca puede fragmentar el descanso femenino.
Normalizar dormir mal
Según la socióloga Amaia Bacigalupe De La Hera, el cansancio crónico de las mujeres no es un fallo individual, sino el resultado de un sistema que precariza el trabajo y no ha promovido una corresponsabilidad real en las tareas domésticas y de cuidado. “El resultado necesariamente tiene que ser el cansancio crónico”, señala, y añade que la respuesta del sistema ha sido despolitizar el problema y medicalizarlo: “Cada vez es más frecuente que las mujeres pidan ansiolíticos o somníferos para poder sobrellevar esta carga que les ha sido asignada”. Bacigalupe destaca que la maternidad intensifica esta presión, afectando también a la salud mental y los hábitos de autocuidado.
El género, además, no solo determina la calidad del sueño, sino también cómo son reconocidas y tratadas las mujeres en el sistema sanitario. “El sueño es un problema de salud pública”, afirma Ana Fernández Arcos, señalando que los problemas de descanso, especialmente cuando el sueño es de corta duración, contribuyen a la aparición y progresión de numerosas enfermedades como la diabetes, la obesidad, la enfermedad cardiovascular, el deterioro cognitivo, el cáncer o los trastornos mentales. Estudios de la Universidad de Duke muestran que, aunque hombres y mujeres pueden reportar una calidad de sueño similar, en ellas la mala calidad se relaciona con mayores niveles de estrés emocional y elevación de proteínas inflamatorias, que a su vez aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Para mejorar el sueño de las mujeres y reducir el impacto del mal descanso en su salud, la neuróloga Ana Fernández Arcos propone varias medidas. En el ámbito sanitario, cree que es clave “formar mejor a los profesionales para evitar retrasos diagnósticos y sesgos que conduzcan a la sobremedicación”, así como avanzar en investigación específica sobre el sueño femenino, teniendo en cuenta la etapa hormonal (fertilidad, perimenopausia, postmenopausia) y estudiando el efecto diferencial de los fármacos. Además, señala que es necesario mejorar las herramientas diagnósticas, que hasta ahora se han diseñado de manera androgénica y pueden pasar por alto características propias del sueño de la mujer. Pero nada de lo anterior tendría sentido para la experta sin un cambio a nivel social y político. “El descanso también mejora con mejores condiciones de vida, y esto incluye políticas laborales y de conciliación con enfoque de género, y medidas que reduzcan la soledad y las desigualdades socioeconómicas”, concluye.
El País
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