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Familia

¿Qué significa ‘6-7’? Los adolescentes no te lo van a decir

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Es el truco más viejo del manual de un joven: di algo tonto, confunde a los adultos, repite

The New York Times
Ciudad de México.- Si quieres avergonzarte de verdad ante un chiquillo, prueba a preguntarle el significado de una frase que se repite como un conjuro en las escuelas de todo Estados Unidos: “6-7”.

La conversación podría ir más o menos así: Te informan que no tiene una definición, simplemente es gracioso, ¿OK? Y además, ¿no te da un poco de vergüenza preguntarlo?

“En realidad no hay un significado detrás de 6-7”, explicó Ashlyn Sumpter, de 10 años, quien vive en Indiana. “Yo podría usarlo en cualquier momento”, dijo Carter Levy, de 9 años, de Loganville, Georgia. Dylan Goodman, de 16 años, de Bucks County, Pensilvania, describió la frase como un chiste privado que se vuelve más divertido con cada adulto que intenta entenderlo y no lo consigue.

“No quiero ofender a los adultos, pero creo que siempre quieren saber qué está pasando”, dijo.

Desde luego, lo han intentado. Varios meses después de que “6-7″ empezó a aparecer en las aulas y en internet, la frase se ha convertido en objeto de perplejas publicaciones en las redes sociales por parte de los padres y de atentas explicaciones en los medios de comunicación nacionales, la mayoría de los cuales la relacionan con la canción “Doot Doot (6 7)” del rapero Skrilla. El mes pasado, Dictionary.com eligió el término como palabra del año, reconociendo que es “imposible de definir”.

Es el truco más viejo del manual del adolescente: di algo tonto, confunde a los adultos, repite hasta que seas grande. Hoy, sin embargo, esos términos rebotan en una red de publicaciones y en las páginas de influentes, todos prometiendo descifrar el comportamiento juvenil para audiencias mayores. “Seis-siete” se siente un poco como una granada sin sentido lanzada al corazón de ese ecosistema. ¿Están desesperados por entendernos? ¡Buena suerte, perdedores!

No es la única forma en que las generaciones más jóvenes están, conscientemente o no, desbaratando el análisis serio de sus ancestros.

En los últimos dos años, los preadolescentes colocaban arbitrariamente la palabra “skibidi” en medio de sus frases y utilizaban la IA para inventar personajes absurdos como Ballerina Cappuccina (una taza de café con zapatillas de punta) y Tralalero Tralala (un tiburón con piernas de humano). En Europa, miles de miembros de la generación Z han adoptado un ritual llamado “Pudding mit Gabel” que consiste en reunirse en un parque, sin motivo aparente, para comer pudín con tenedores.

Estas tendencias pueden tacharse de tonterías o, en lenguaje moderno, de brainrot o “cerebro podrido”. Pero quizá sean algo más: una especie de ofuscación gozosa, un esfuerzo para ser incognoscible por parte de una generación que, prácticamente desde su nacimiento, ha estado implacablemente en exhibición.

“Creo que saben que todo el mundo les observa”, dijo Alma Fabiani, de 29 años, directora de contenidos de la editorial digital para jóvenes Screenshot. ¿No es más divertido —y más enigmático— voltear la broma hacia los que miran?

‘Swingin’ on the Flippity-Flop’

Desde que existe la jerga de los adolescentes, los adultos han deseado ahondar en su significado, y los jóvenes han sentido la necesidad de explotar esa curiosidad. Es prácticamente un rito de iniciación.

En noviembre de 1992, The New York Times publicó un “léxico de la jerga grunge” en el que se mencionaba a Megan Jasper, una representante de ventas de 25 años de Caroline Records en Seattle. Tras la publicación del artículo, Jasper reveló que se había inventado varias de sus aportes, como lamestain (persona que no es genial) y swingin’ on the flippity-flop (pasar el rato).

El afán del periódico por explicar la inexistente jerga de una escena difusa había inspirado a Jasper a hacer travesuras. “Reaccionas intentando burlarte de ello”, dijo más tarde.

Cuando llegó el momento de molestar a la generación X, la generación de Jasper, los milénials disponían de una herramienta que sus padres no habían tenido a su alcance: internet.

Clarissa Hunnicutt recuerda que repetía sin parar frases como “Soy una serpiente”, de un video viral de YouTube de 2010, ante el desconcierto y la frustración de sus padres.

“Finalmente llegaron a un punto en el que dijeron: ‘Vamos a aceptar que no tenemos ni idea de lo que estás hablando’”, dijo Hunnicutt, de 32 años, quien trabaja para una agencia de acogida sin ánimo de lucro.

Cree que los padres milénials como ella han luchado por hacer lo mismo. Como creció impregnada de la cultura de internet, cree que debería ser capaz de llegar al fondo de la jerga como cooked y rizz que sus tres hijos aprenden en la red. En su época, la mayoría de los términos de moda aludían a un único video o película de YouTube; ahora, los orígenes pueden ser mucho más difusos.

Las plataformas de medios sociales impulsadas por algoritmos también han disparado el ciclo natural de formación del argot. En la búsqueda incesante de material novedoso para alimentar a los usuarios, esas plataformas elevan las nuevas tendencias y acuñaciones a un ritmo que puede resultar agotador para quienes intentan mantenerse al día.

“He dedicado mucho tiempo a estudiar estas palabras”, dijo Hunnicutt, riendo con exasperación.

Ashlyn, su hija de 10 años, estaba sentada a su lado con una pequeña sonrisa. “Me hace gracia que intente meterse todas estas palabras en la cabeza”, dijo.

Los padres como Hunnicutt pueden consultar una floreciente economía de contenidos que disecciona las tendencias juveniles para adultos y vendedores curiosos.

Por ejemplo, chopped o “picado”, un sinónimo para lo que tiene poco atractivo del que se hicieron eco el Times, Fox News y Parents.com, y que apareció en boletines como The Culture Translator y After School.

Algunos con especial proximidad a los jóvenes —como los profesores de secundaria y los padres— también han hecho carrera explicando qué quieren decir exactamente los chicos cuando dicen que están haciendo aura farming.

Si los adultos de hoy parecen más ansiosos por que se les aclaren esos términos, puede deberse a que plataformas como TikTok han proporcionado una visibilidad inusual de los hábitos de los adolescentes.

“Hay mucho interés en la cultura juvenil, y me incluyo, dijo Casey Lewis, quien escribe After School, un boletín sobre la generación Z y la generación Alfa. “Y por eso es divertido frustrar a los mayores”.

Lewis, de 38 años, se preguntó si “6-7” era un pequeño mensaje para los adultos, que parecen más entrometidos que nunca: “Déjenos existir en nuestro propio espacio”, dijo.

‘No es asunto tuyo’

Cuando iba a la escuela secundaria, Violet Paull recuerda que se enfadó cuando vio un video en YouTube en el que un hombre adulto intentaba explicarle un arquetipo favorito suyo, la “chica VSCO” que lleva un scrunchie o dona elástica para el pelo y una botella de agua. (La tendencia debe su nombre a una aplicación de edición de fotos que Paull utilizaba religiosamente).

“Yo dije: ‘No es asunto tuyo; no eres una niña de 13 años’”, dijo.

No cabe duda de que los miembros de la generación de Paull también han proporcionado mucha materia prima para que los observadores se hagan preguntas, al publicar en redes sociales la manera en que crecen y prueban distintas identidades en internet. Sin embargo, entre sus compañeros existe la sensación de que quizá ya se les ha analizado lo suficiente.

Paull, estudiante universitaria de 19 años en Annapolis, Maryland, cree que los chistes privados de su generación pueden haberse vuelto más abstractos en un esfuerzo por revelar menos en internet, y quizás prolongar el periodo de tiempo en que esos chistes pertenecen realmente a la cohorte que los creó.

Señaló un género de brainrot que es “tan ridículamente poco gracioso que llega a ser gracioso”. Gran parte de él no hace ningún esfuerzo por ser legible: un meme que circuló el año pasado mostraba el texto “esa sensación cuando la operación de rodilla es mañana”, superpuesto sobre una imagen teñida de azul del Grinch.

Es el tipo de mensaje que circula con frecuencia entre la generación Z: surrealista, impersonal y básicamente impenetrable. Es probable que esté borroso, posiblemente de cabeza. Puede que incorpore una película de animación, un fragmento de audio de TikTok de hace seis meses y un filtro de Instagram de 2010, todo en la misma publicación.

Kristen Choi, de 22 años, se quedó perpleja cuando su bienintencionado padre le pidió que le explicara el origen de Ballerina Cappuccina, la bailarina generada por IA. “No creo que mi padre lo vaya a entender, aunque le diera un diagrama de flujo o, Dios no lo quiera, una presentación de diapositivas”, dijo.

Para ella, estos personajes que desafían la realidad son una forma de afrontar la mayoría de edad en un mundo que es menos sencillo de lo que ella y sus amigos esperaban, ya que muchos de ellos luchan por encontrar trabajo y consideran que los objetivos a largo plazo, como ser propietarios de una vivienda, son difíciles de alcanzar.

Choi, recién licenciada en la zona de la bahía de San Francisco, describió el sentido del humor de su generación como copium, una combinación de cope (afrontar) y opium (opio), es decir, desorientador y un poco narcotizante al mismo tiempo.

La generación Alfa, la generación que sigue a la generación Z, ya parece estar adoptando, y amplificando, esa actitud, según Fabiani, de Screenshot. Los adultos tienden a tratar a los jóvenes “como un enigma que hay que resolver”, dijo. Pero eso puede resultar una tarea contraproducente.

Cuando los padres, los profesores y la copresentadora del Today Show, Savannah Guthrie, se pusieron sus disfraces de “6-7” hace unos días para Halloween —quizá satisfechos de ser parte por fin de la broma—, estos adultos probablemente ya estaban llegando tarde a un argot aún más nuevo.

Lexie Frensley, de 37 años, maestra de secundaria en Beaverton, Oregón, predijo que el próximo “6-7” ya estaba en camino.

“Tienen que pasar a lo siguiente”, dijo, y añadió: “Esto no va a parar”.

 

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Familia

Besar a los hijos pequeños en la boca, ¿sí o no?

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Lo que para unos padres es una inocente muestra de afecto, para otros puede ser, cuanto menos, algo raro de presenciar

Ciudad de México.- Esta podría ser una columna más corta que escribo en 10 años. Porque a la pregunta “¿a los niños hay que darles besos en la boca?”, sin dudar un momento, yo contestaría un rotundo no. Así que muy imparcial no podré ser… Pero, sea por cultura o costumbre familiar, como muchos padres y madres besan a sus hijos sin vergüenza ni remordimientos, haré el esfuerzo de buscar razones a favor (que me costará encontrar) y en contra.

Lo que para unos cuantos puede ser una inocente muestra de afecto, para otros puede ser casi la antesala del abuso o, por lo menos, algo raro de presenciar. Sin duda, aquí nos referiremos a lo que comúnmente se conoce como pico, el choque de labios, con niños pequeños, no con preadolescentes o adolescentes. No le busques malicia a la columna, que la acoto en este terreno (aunque todos hemos visto algún caso de padres o madres con chavales adolescentes y eso es muy inquietante).

Si ya te incomodaba de pequeño que las amigas de tu abuela te dejaran besos con baba en cada mejilla, ¿no es mucho peor que tu padre o tu madre te transmitan su amor vía labial? Os podéis desahogar en los comentarios. Pero antes, vamos con las razones a favor y en contra de besar a los hijos en la boca.

A favor
1. Es una manera rápida y espontánea de conectar con tu hijo, una conexión especial, única y diferente a los besos en las mejillas que se dan protocolariamente con cualquier saludado.
2.Para los niños pequeños es un gesto más de cariño, sin dobles lecturas ni segundas intenciones. La visión negativa solo la aportamos los adultos.

3. Fortalece el vínculo entre padres e hijos, segregando endorfinas para todos (que un abrazo también, pero aquí intento buscar motivos a favor).
4.Si los besos se dan de manera apropiada y en edades tempranas, no tendría que haber ningún trauma ni consecuencia negativa.
5. En principio dar besos en la boca no es ni bueno ni malo, depende de si lo miras con ojos de adulto, buscando implicaciones que no están en la cabeza de los padres besadores o como algo normalizado que has visto hacer siempre en tu entorno cercano.
6.En algunos países es un beso muy habitual entre las familias.
7. Si hay gente que se deja lamer y besar por sus mascotas y nadie se inquieta, ¿por qué se preocupan cuando se trata de besos entre humanos?

En contra
1. Es poco higiénico. Ya sé que muchos niños no se lavan las manos en todo el día y comen cualquier cosa, incluso arena del parque, sin plantearse nada. Y también sé que desde la escuela infantil están compartiendo chupetes, botellas y comida. Podéis decir que así se inmunizan, pero tanto los niños como los adultos ya tenemos nuestra buena ración de gérmenes como para encima añadir los de nuestros familiares.
2. De manera objetiva y científica, el pico inocente y amoroso es una manera muy directa de transmitir herpes labial, mononucleosis y otros virus. Y, si el bebé tiene menos de medio año, puede afectarle mucho.
3. Puede ser confuso para los niños. Cada persona y cada afecto tienen su tipo de beso particular. Y, en general, los besos en la boca están reservados para la pareja. Respeta la autonomía de tus hijos y procura no enviarles mensajes confusos, que ellos podrían malinterpretar e imitar con toda la inocencia del mundo, poniéndolo en práctica con otros niños (incluso con los que les lleven años de distancia) o adultos.
4. Hay que marcar los límites corporales. Los críos han de hacer respetar su cuerpo y su espacio personal. Un beso en los labios es más íntimo y privado que dos besos en las mejillas. Y si nadie les besa en los labios hasta que son adultos y lo eligen ellos, vivirán más tranquilos y protegidos.
5. Levanta recelos por todas partes. La simple contemplación de unos padres besando en la boca a su hijo puede despertarte una fuerte sensación de incomodidad, sobre todo cuando los besadores son amigos o conocidos.
6. Te comes el mal aliento y las babas de la otra persona, porque no me imagino a los padres preparándose para el pico, secándose los labios o enjuagándose con el típico líquido azul del que no diremos marcas porque no patrocinan.
7. Es raro.

Martín Piñol
Escritor, humorista, guionista de televisión y profesor de escritura y comedia. Autor de 35 libros, varios de ellos premiados y traducidos, escribe como colaborador en la sección Mamás&Papás de EL PAÍS desde 2016. En lo relativo a la crianza, no es ni pediatra ni psicólogo ni experto en nada, pero tiene dos hijos y se fija mucho.

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¿Es bueno preguntar a los peques si tienen novio o novia?

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Evitar este tipo de comentarios no es una cuestión de excesiva sensibilidad, sino de respeto hacia las etapas madurativas del menor y de protección hacia la infancia

Ciudad de México.- Hay una escena que se repite con frecuencia en reuniones familiares, parques e incluso al encontrarse con un vecino por la calle: un adulto se inclina hacia un niño pequeño y, con una sonrisa cómplice, le pregunta: “¿Y tú? ¿Ya tienes novia?”. Lo que para muchos es una broma inofensiva, una forma de romper el hielo o de elogiar al menor por su belleza, esconde unas implicaciones psicológicas y sociales que pueden interferir en el desarrollo saludable del menor. Evitar este tipo de comentarios no es una cuestión de excesiva sensibilidad, sino de respeto hacia las etapas madurativas y de protección hacia la infancia.

Uno de los principales motivos para erradicar este hábito es que implica normalizar comportamientos propios de la madurez en una etapa que no les corresponde. El concepto de “tener pareja” es una conducta adulta que conlleva una serie de responsabilidades, independencia y, sobre todo, una madurez afectivo-sexual que un menor no posee.

Una relación de pareja no es simplemente pasar tiempo con alguien; implica una atracción física y una conexión emocional mutua, un consentimiento voluntario entre dos personas autónomas y la existencia de un proyecto en común. Al trasladar estas etiquetas a la infancia, los adultos están proyectando un comportamiento maduro sobre seres que aún están descubriendo el mundo a través del juego y la exploración.

En los niños, el vínculo afectivo primordial es el establecido con los adultos y las personas de referencia, es decir, con los padres, los abuelos, los hermanos, los tutores y los amigos más cercanos. Forzar una etiqueta sentimental entre iguales distorsiona su comprensión de las relaciones interpersonales, generando incluso rechazo por establecer una amistad con otro niño o niña.

Un concepto anticuado pero no en desuso
La insistencia en preguntar por la situación sentimental de un niño o niña a menudo nace de un contexto social anticuado. Hace décadas, la soltería se percibía como una carencia o un defecto en el adulto; para ser plenamente aceptado en la sociedad era necesario estar casado o, al menos, estar en pareja. Al interrogar a los menores sobre su noviazgo, se perpetúa la idea de que la felicidad y el éxito social dependen de estar en pareja. Esto no solo es falso, sino que, además, invalida la diversidad de formas de vida.

Vivimos en una sociedad donde la plenitud no se basa en tener una pareja sino en el desarrollo de uno mismo, y seguir imponiendo este patrón desde la infancia es una contradicción que limita las expectativas del menor sobre su propio futuro y su autonomía emocional, así como su autoestima.

Preguntar a un niño por su “novia” contribuye directamente a la hipersexualización de la infancia. Este fenómeno consiste en introducir patrones de conducta y códigos de seducción adultos en una etapa vital donde no les pertenece; es decir, creemos que los niños son adultos en miniatura sin ser conscientes de que esta idea está muy alejada de la realidad, ya que los menores son inmaduros no solo en tamaño sino también en su desarrollo evolutivo y madurez.

Cuando los adultos etiquetan las amistades de los niños con términos afectivo-sexuales están acelerando el paso hacia la adolescencia y la adultez. Como resultado, la infancia se vuelve cada vez más breve y fugaz. Los menores dejan de ser niños antes de tiempo porque el entorno adulto les presiona para que actúen o se definan bajo parámetros que aún no pueden comprender ni les pertenecen. No son ellos quienes deciden dejar de ser niños a edades cada vez más tempranas, sino la sociedad que les rodea.

Otro aspecto crítico es que este tipo de preguntas rara vez atienden a la diversidad. Casi siempre se realizan presuponiendo una orientación heterosexual, cerrando la puerta a la diversidad desde la infancia. Al preguntarle a un niño si tiene novia o a una niña si tiene novio, se le está enviando un mensaje implícito sobre lo que se espera de él o de ella. Esto no solo ignora la realidad de la diversidad sexual, sino que puede generar confusión o sentimientos de rechazo en aquellos menores que, en el futuro, sientan que no encajan en ese modelo preestablecido debido a los comentarios que recibieron de su entorno cuando eran niños.

Cómo impacta en la seguridad y la confianza del vínculo
Quizás uno de los efectos más dañinos de esta pregunta es el quebrantamiento de la confianza entre padres e hijos. El hogar debe ser un refugio de seguridad donde el niño se sienta libre de compartir sus experiencias sin miedo a ser juzgado o etiquetado. Si cada vez que cuenta que se lo ha pasado bien con una amiga el adulto responde con una insinuación romántica, el menor aprenderá a filtrar su comunicación. Al sentirse observado, puede volverse desconfiado y dejar de contar aquello que le inquieta o le divierte.

Para mantener un vínculo afectivo seguro, sano y fuerte es fundamental que los padres validen las amistades de sus hijos e hijas como tales, permitiendo que se expresen sin la presión de una etiqueta que transforme su relato en una fuente de mofa o expectativa adulta.

Hacia una educación afectivo-sexual saludable
Ante la pregunta a un menor de si tiene novio o novia se tiene la oportunidad ideal de comenzar a acompañar una educación afectivo-sexual adecuada y saludable, desde la confianza, la disponibilidad y la presencia del adulto, dando respuesta a todas las cuestiones que inquieten al niño y explicándole todo lo necesario en cada momento.

Para ello es importante seguir estos pasos:

Realizar una escucha activa, atendiendo a lo que el niño realmente dice sin añadir interpretaciones propias de los adultos.
Emplear un lenguaje adecuado en cada contexto, entendiendo que se trata de amigos y compañeros y no de novios o novias.
Respetar la madurez del menor, comprendiendo que cada edad tiene sus tiempos y hay que transitarla, siendo necesario cuidar y proteger la infancia por parte de la sociedad adulta.
Y, por último, validar las emociones del niño, comprendiendo que sí es importante cómo nos relacionamos con ellos, cómo se sienten ante nuestras conductas y cómo les afectan.

El País

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Familia

¿Los padres tienen hijos favoritos?

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Claro que sí… y las investigaciones demuestran que la salud mental de los niños menos favorecidos sufre por eso

The New York Times

Ciudad de México.- De niña, Kara nunca pensó que sus padres fueran de los que tienen favoritos.

Sus hermanos pequeños siempre disfrutaban de atención extra y privilegios especiales, como viajes a Disneylandia, pero ella había racionalizado ese comportamiento: los hijos mayores deben ser más independientes, pensaba, y sus padres probablemente tenían más dinero para vacaciones después de que ella se mudara.

Pero a medida que ella y sus hermanos crecían –y el trato especial continuaba– la evidencia se hizo patente. Hace dos años, cuando sus padres llamaron para decir que planeaban pasar las vacaciones con sus hermanas, una vez más, y que no volarían para visitar a Kara y a sus hijos en Navidad, tuvo un momento de claridad.

“De repente me di cuenta de que quizá no había justificación”, dijo Kara, quien pidió que no se utilizara su apellido para proteger la intimidad de su familia. “Quizá esos niños siempre iban a ser los favoritos”.

Kara llegó a resentirse de que sus padres pasaran por alto a sus propios hijos del mismo modo que la pasaron a ella por alto. “Dos generaciones de rechazo”, lo llamaba. Y a pesar de sus esfuerzos por superar el resentimiento y la decepción, la desigualdad afectó a su salud mental.

“No puedo superar el dolor”, dijo.

Las investigaciones de las últimas décadas muestran que las versiones de la experiencia de Kara son comunes para los hermanos menos favorecidos. En la infancia, tienen más probabilidades de tener peor salud mental, peores relaciones familiares y menos éxito académico que sus hermanos.

Dinámicas familiares

Otras investigaciones demuestran que esas dinámicas familiares pueden afectar a la salud mental mucho después de la juventud. Un estudio descubrió que el hecho de que los hijos adultos se creyeran favorecidos o desfavorecidos era un factor de predicción más fuerte de su salud mental que casi cualquier otro factor medido, incluidos el estado civil, el empleo y la edad. Solo la salud física estaba más estrechamente correlacionada.

“Puedes hablar con los mayores y te contarán lo que les pasó cuando tenían cinco años”, dijo Laurie Kramer, quien estudia las relaciones entre hermanos en la Universidad Northeastern. “Están estancados en eso”.

¿Quién es el favorito?

En una sociedad que desaprueba el trato desigual de los niños, medir el favoritismo de los padres no es tarea fácil.

Cuando J. Jill Suitor, profesora de sociología de la Universidad de Purdue, se propuso por primera vez reclutar a madres para lo que se convertiría en el mayor estudio longitudinal sobre el efecto del favoritismo de los padres, recordó el escepticismo de su familia.

“Nadie responderá tus preguntas”, le advirtió un familiar. “Los buenos padres no hacen eso”.

Así que ella y otros investigadores del favoritismo desarrollaron una línea de interrogatorio más oblicua: ¿A qué hijo dedicas más recursos? ¿Con quién te sientes emocionalmente más cercano? ¿De quién te sientes más decepcionado?

En 2001, reclutó a más de 500 madres, cada una de las cuales tenía dos o más hijos adultos, y empezó a rastrear las respuestas a algunas de esas preguntas. Ahora lleva tanto tiempo estudiando a las mismas familias que ha empezado a recopilar datos sobre los efectos del favoritismo de los abuelos.

El primer resultado sorprendente de estos datos fue lo generalizado que era el favoritismo. Según las preguntas del estudio, aproximadamente dos tercios de los padres tenían un hijo preferido. Y ese hermano preferido solía ser el mismo durante décadas.

No había un conjunto de cualidades que garantizaran ser el niño mimado, pero los favoritos solían ser las hijas y los hermanos menores. Un amplio análisis publicado a principios de este año descubrió de forma similar que, en la infancia, las hijas tenían más probabilidades de recibir un trato preferente de ambos padres. (Las investigaciones sobre el favoritismo suelen centrarse en familias con dos hijos, dejando de nuevo de lado a los hijos del medio).

Pero no son solo factores superficiales como el orden de nacimiento y el sexo los que marcan la diferencia. Los padres tendían a favorecer a los niños con rasgos de personalidad agradables y concienzudos, probablemente porque son ligeramente más fáciles de criar, dijo Alex Jensen, investigador de la Universidad Brigham Young y autor del gran análisis de este año.

Y Suitor descubrió que, en la edad adulta, el factor más importante “sin lugar a dudas” era si padres e hijos tenían valores similares, incluso en temas religiosos y políticos.

En su estudio longitudinal descubrió que los factores que los hijos adultos pensaban que podían mejorar su posición (como los logros profesionales) o perjudicarla (como la adicción o ser detenido) en realidad tenían poca influencia en el favoritismo de sus madres.

“Teníamos madres que visitaban a sus hijos en la cárcel todas las semanas”, dijo Suitor. “Decían: ‘Estoy muy unida a Johnny. Esto no fue culpa suya. Es un buen chico’”.

En cierto modo, sin embargo, la percepción que los propios padres tienen de su favoritismo es irrelevante, dijo Suitor.

En los estudios que examinaron las consecuencias del favoritismo para la salud mental, era mucho más importante si los niños percibían un trato desigual. Y un estudio descubrió que padres e hijos discrepaban más de la mitad de las veces cuando se les preguntaba por la cuantía del trato diferenciado, quién se beneficiaba de esa desigualdad y si las diferencias se percibían como justas.

Parte del problema es que los padres rara vez hablan de estos temas con sus hijos, dijo Kramer, quien fue uno de los autores del estudio.

“Todos pensamos en eso”, dijo. “Pero nadie habla de estas cosas”.

‘Siempre he querido más a tu hermana’

La investigación sobre los efectos del favoritismo de los padres, dijo Jensen, puede resumirse sucintamente: “En general, no es bueno”.

Desde muy pequeños, los niños vigilan de cerca cómo se les trata en comparación con sus hermanos. Quien se siente menospreciado tiene más probabilidades de sufrir ansiedad y depresión, de tener relaciones familiares tensas y de adoptar conductas de riesgo, como beber y fumar, en la adolescencia.

Es difícil saber exactamente cómo interpretar estos hallazgos. Como los estudios sobre el favoritismo de los padres son observacionales, los investigadores no pueden determinar si el favoritismo causó esos efectos negativos o si, por ejemplo, los niños propensos a padecer trastornos mentales tienen menos probabilidades de ser favorecidos.

Pero Kramer dijo que la investigación constituye un argumento convincente de que los padres deberían al menos abordar el tema tabú más a menudo.

Cuando los padres deban tratar a sus hijos de forma diferente, Kramer dijo que deberían explicar el razonamiento. Quizá eso signifique explicar que un hermano necesita más ayuda con los deberes porque tiene dificultades en la escuela. O que una hermana necesita una pijama nueva porque la vieja se está deshilachando.

Si un niño entiende el motivo de la discrepancia, muchos de los efectos negativos parecen desaparecer.

Ser el favorito tiene sus inconvenientes. Aunque algunos pueden beneficiarse de pequeñas cantidades de desigualdad, sufren cuando la diferencia entre ellos y sus hermanos se hace demasiado grande. Los consentidos pueden sentirse culpables o no merecedores cuando las diferencias de trato son tan evidentes, dijo Susan Branje, jefa del departamento de educación y pedagogía de la Universidad de Utrecht en los Países Bajos.

“A los niños les gusta la igualdad y la justicia en las relaciones”, dijo.

El malestar del trato diferenciado no parece disminuir con el tiempo. El favoritismo de los padres importaba tanto a los hijos adultos que entraban en los 60 como a los que tenían 40, dijo Suitor. Una mujer admitió a Suitor que, después de 15 años, seguía atormentada por la confesión de su madre en el lecho de muerte: Siempre he querido más a tu hermana.

El hecho de que el favoritismo tenga un impacto tan profundo no debería sorprender, dijo.

“Son vínculos muy profundos y los tenemos toda la vida”, dijo. “Es la persona que crees que debería quererte más”.

The New York Times

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