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Ciencia

¿La última esperanza para la vaquita marina?

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Esta especie endémica de México ha pasado de tener una población de menos 600 ejemplares hace casi tres décadas, a apenas una decena a día de hoy. Al riesgo de la extinción, los científicos confían en su recuperación

 

Ciudad de México.- La cuenta atrás para la vaquita marina, caracterizada por ser el cetáceo más pequeño del mundo y una especie endémica en México, preocupa a científicos y conservacionistas del país norteamericano que ven desde hace años cómo los ejemplares de esta especie no paran de disminuir. “La vaquita es el cetáceo más amenazado del planeta y su supervivencia está ligada a lo que ocurra en los próximos años”, augura Jay Barlow, profesor asociado de la Universidad Estatal de Oregón (Estados Unidos).

Según un informe de la organización conservacionista WWF, mientras que en 1997 habían menos de 567 de ejemplares, actualmente, las cifras varían entre una docena y una decena, según diversas fuentes. “Se planea una encuesta de investigación para fines de este verano para intentar determinar una nueva estimación de población”, avanza  Sarah Uhlemann, Directora de Programas Internacionales del Centro para la Diversidad Biológica.

Según los cálculos de esta organización, habría entre 6 y 9 animales vivos en la actualidad. “No podemos estimar con certeza la tendencia poblacional actual y nuestras estimaciones se refieren únicamente al número mínimo de vaquitas detectadas, que es de aproximadamente 10 individuos”, agrega por su parte Lorenzo Rojas- Bracho, científico mexicano que cuenta con más de dos décadas trabajando por la recuperación de la especie.

No obstante, “hay evidencia de que se están reproduciendo”, asegura Miguel Ángel Cisneros Mata, investigador titular del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables en Guaymas, Sonora.

Eliminar una trampa letal
Todos los expertos consultados coinciden en la principal causa de muerte del animal. “Las vaquitas están amenazadas por una sola cosa: enredarse en las redes de pesca que están diseñadas para capturar camarones y totoaba, un pez con gran demanda por su vejiga natatoria, que es valiosa en China”, lamenta Uhlemann. Así subscriben que una vez se termine con esta actividad ilegal, habrá salvación para la especie. “Los animales observados se ven sanos y en buen estado físico. Una serie de artículos científicos sobre su genética poblacional indican que la especie tiene un alto potencial de recuperación”, puntualiza Rojas-Bracho.

“Durante mucho tiempo se creyó que las vaquitas hembras solo podían tener una cría cada dos años; sin embargo, ahora sabemos que pueden reproducirse cada año, lo que mantiene viva la esperanza de que la especie se pueda recuperar”, complementa Omar Vidal, Asesor científico y ambientalista independiente.

Una cuestión de responsabilidad
Por este motivo, instan al gobierno mexicano a que sea riguroso con el cumplimiento de la prohibición del uso de redes de enmalle en el hábitat de la vaquita, que desde 2019 está en la lista del Patrimonio Mundial en Peligro de la Unesco.

“Aunque Alto Golfo haya sido inscrito en la lista no implica por sí mismo la recuperación de la vaquita. La designación reconoce el valor excepcional del sitio, tanto natural como cultural, y llama la atención internacional sobre las amenazas que enfrenta”, aclara Rojas-Bracho. “La recuperación de la especie depende de acciones concretas en el terreno, como eliminar el riesgo que la lleva a la extinción, es decir, asegurar una prohibición efectiva del uso de redes de enmalle en su hábitat. Mientras esto no ocurra, la vaquita seguirá en riesgo, más allá de cualquier designación internacional”, reitera el experto mexicano.

A estas medidas hay que añadirle un plan de cumplimiento bajo la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y la delimitación de una Área de Tolerancia Cero, que “es apenas alrededor del 12 por ciento del área de distribución de la especie”, puntualiza Rojas-Bracho.

“No es suficiente con una declaración de patrimonio de la humanidad o con un decreto que prohíba la pesca ilegal y el tráfico de totoaba, o con los buenos deseos de apoyar a los pescadores en la reconversión de las pesquerías para hacerlas sustentables. La ley debe hacerse cumplir. Las acciones del gobierno no han tenido la escala ni la urgencia requeridas”, denuncia Vidal.

“La vaquita no se ha recuperado porque el gobierno mexicano no ha hecho cumplir la ley de manera efectiva”, coincide la Directora de Programas Internacionales del Centro para la Diversidad Biológica.

Cambio de rumbo
No obstante, el pasado mes de febrero el gobierno mexicano emitió un comunicado en el que aseguraba que se han cumplido 82 de 101 acciones comprometidas y destacando la disminución del 97,6 de la presencia de embarcaciones en la Zona de Tolerancia Cero.

“La protección limitada únicamente a la Zona de Tolerancia Cero no será suficiente para salvar a la vaquita. Para que las medidas sean realmente efectivas, es necesario extender la protección a otras áreas donde la especie sigue presente y eliminar totalmente el uso de redes de enmalle en toda su área de distribución”, recalca Rojas-Bracho.

“La administración anterior en México no estaba dispuesta a hacer lo necesario para salvar a la vaquita. Hacerlo requeriría tanto la aplicación real de la ley como el desarrollo activo de métodos de pesca alternativos en colaboración con la comunidad pesquera local. Ahora estamos viendo un mayor nivel de compromiso por parte de la administración Sheinbaum, por lo que los investigadores de la vaquita están de nuevo esperanzados”, confia Jay Barlow, profesor asociado de la Universidad Estatal de Oregón (Estados Unidos).

Agencias

 

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Ciencia

¿Por qué sonreímos? 

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Un estudio con macacos revela que los gestos no son meros reflejos emocionales, sino el resultado de una compleja coordinación entre distintas regiones cerebrales que operan a velocidades diferentes

Ciudad de México.- Sonreír, fruncir el ceño, mostrar los dientes en señal de amenaza. Los primates —humanos incluidos— utilizamos constantemente el rostro para comunicarnos, pero hasta ahora se desconocía cómo el cerebro coordina los músculos faciales para producir estos gestos. Un nuevo estudio publicado hoy jueves en la revista Science demuestra que las expresiones faciales no son simples descargas emocionales automáticas, sino el producto de una red cortical distribuida que funciona con una jerarquía temporal: algunas regiones procesan información rápida y dinámica para controlar el movimiento momento a momento, mientras que otras mantienen representaciones estables, que podrían reflejar el contexto social.

El trabajo, liderado por Geena Ianni, de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, registró la actividad de cientos de neuronas en cuatro regiones cerebrales de dos macacos mientras los animales producían espontáneamente tres tipos de gestos: lipsmack (chasquido de labio, como una sonrisa), amenaza y masticación. Los resultados echan por tierra la idea clásica de que existe una división estricta entre circuitos cerebrales: uno lateral para movimientos voluntarios y otro medial —que atraviesan la línea media del cerebro— para expresiones emocionales.

“Lo que hemos encontrado es que todas las regiones corticales motoras faciales están involucradas en todos los tipos de gestos”, explica Ianni. Es decir, que todas las zonas que antes se suponían separadas para diferentes tipos de gestos contienen neuronas que respondían tanto a gestos socioemocionales como a movimientos voluntarios.

Para desentrañar cómo operan estas regiones en conjunto, los investigadores utilizaron técnicas de resonancia magnética combinadas con implantes de microelectrodos. La clave fue registrar la actividad cerebral simultáneamente en las cuatro áreas mientras los animales interactuaban con estímulos sociales —vídeos de congéneres, avatares interactivos o encuentros cara a cara— que provocaban gestos naturales sin entrenamiento previo.

El hallazgo más sorprendente fue que las regiones cerebrales no se organizan según una jerarquía espacial clásica —de áreas inferiores a superiores— sino según una jerarquía temporal.

Los resultados también desafían la idea de que las expresiones faciales son meros reflejos. La actividad neuronal segregaba los distintos tipos de gestos mucho antes de que comenzara el movimiento —hasta un segundo antes—, lo que indica preparación e intencionalidad. Además, las trayectorias neuronales de cada gesto nunca se solapaban, incluso en períodos de reposo facial, sugiriendo que el cerebro ya está preparando el gesto específico que vendrá.

“Los hallazgos de Ianni y sus colegas tienen implicaciones notables para entender la evolución y función de las expresiones faciales”, escriben Bridget Waller y Jamie Whitehouse, investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), en un comentario en la misma revista. “La visión clásica —que las expresiones faciales señalizan un estado emocional interno— sugiere que compartir emociones sentidas es evolutivamente adaptativo y ha sido seleccionado para facilitar las interacciones sociales con otros. Esto puede ser cierto hasta cierto punto, pero si las expresiones faciales se planifican, entonces queda en entredicho hasta qué punto representan siempre lecturas honestas y precisas del estado interno”, añaden. Es decir: cuando sonreímos o amenazamos, nuestro cerebro está ejecutando una compleja sinfonía neuronal en la que diferentes secciones de la orquesta —rápidas y lentas, dinámicas y estables— colaboran para producir el gesto exacto en el momento social preciso.

Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología en el Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, que no ha participado en el estudio, valora que “la novedad principal radica en que las regiones de la corteza frontal del cerebro que controlan los músculos de las expresiones faciales voluntarias y las que controlan las expresiones faciales emocionales codifican ambos tipos de expresión”. Sin embargo, añade una nota de cautela sobre las implicaciones: “La investigación tiene más interés neurológico que psicológico, pues no hay novedad en cuanto al papel social de las expresiones faciales”.

Según sus autores, el trabajo tiene potenciales implicaciones clínicas. Comprender cómo funciona nuestro cerebro a la hora de generar nuestras expresiones podría usarse en el diseño de interfaces cerebro-computadora, para restaurar estas funciones en pacientes con lesiones cerebrales.

El País

 

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Ciencia

Deja atrás estos 8 mitos sobre el sexo

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Que los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres o que el sexo planificado es aburrido son creencias falsas que limitan el placer
The New York Times

Ciudad de México.-
Atribúyelo a la variabilidad de la educación sexual, en las secundarias e incluso en las facultades de medicina, o al hecho de que a muchos adultos les cuesta hablar de sexo incluso con quienes los ven desnudos regularmente. Sea cual sea la razón, la desinformación sobre la sexualidad y el deseo es muy común.

“Existen muchos mitos”, dijo Laurie Mintz, profesora emérita de psicología de la Universidad de Florida, quien se centra en la sexualidad humana. Y, añadió, pueden “causar mucho daño”.

Por eso, la sección Well se puso en contacto con un grupo de terapeutas e investigadores sexuales y les pidió que compartieran un mito que desearían desaparecer.

Esto es lo que dijeron.

Mito 1: los demás tienen más sexo que tú
“Curiosamente, este mito se mantiene a lo largo de toda la vida”, dijo Debby Herbenick, directora del Centro de Promoción de la Salud Sexual de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana y autora de Yes, Your Kid: What Parents Need to Know About Today’s Teens and Sex.

Muchos adolescentes creen que “todo el mundo lo está haciendo”, dijo, lo que los lleva a lanzarse a mantener relaciones sexuales para las que no están preparados. Este mito también puede hacer que las personas mayores en relaciones largas se sientan fatal, como si fueran las únicas que atraviesan un periodo de “sequía”, cuando en realidad solo experimentan el sube y baja natural del deseo.

“Es bastante habitual que una de cada tres personas no haya mantenido relaciones sexuales en pareja durante el año anterior”, afirmó Herbenick, refiriéndose a varias encuestas representativas a nivel nacional. También señaló que los estudios en los que ha trabajado muestran que la actividad sexual ha disminuido en los últimos años por razones que no se comprenden del todo. (Los investigadores han planteado la hipótesis de que el descenso tiene que ver con factores como el aumento del sexting o sexteo y la pornografía en línea, así como la disminución del consumo de alcohol entre los jóvenes).

“Normalizar que hay periodos de poco o ningún sexo en pareja puede ser de ayuda”, dijo Herbenick. “Dicho esto, para aquellos que buscan algo de longevidad en su vida sexual en pareja, es importante pensar en el sexo de una manera holística”. Eso significa cuidar la salud física y mental, explicó, y hablar de los sentimientos con la pareja para mantener la sensación de intimidad y conexión.

Mito 2: sexo significa penetración
Los terapeutas sexuales suelen lamentar que la gente se quede atrapada en ciertos “guiones sexuales”, o en la idea de que el sexo debe desarrollarse de una manera determinada: normalmente, un poco de juegos preliminares que conducen al coito.

Pero “tenemos que ir más allá de definir el sexo por un único comportamiento”, dijo Ian Kerner, terapeuta sexual y autor de Ellas llegan primero. Señaló que este tipo de pensamiento estrecho ha contribuido a la prolongada brecha de placer entre hombres y mujeres en los encuentros heterosexuales. Por ejemplo, un estudio reveló que el 75 por ciento de los hombres heterosexuales afirmaban haber tenido un orgasmo cada vez que habían mantenido relaciones sexuales íntimas en el último mes, frente al 33 por ciento de las mujeres heterosexuales.

Una encuesta reveló que el 18 por ciento de las mujeres alcanzaban el orgasmo solo con la penetración, mientras que el 37 por ciento afirmó necesitar también la estimulación del clítoris para llegar al orgasmo durante el coito. En lugar de precipitarse hacia el coito, hay que centrarse en el “coito sin penetración”, un término que engloba cualquier actividad sexual que no implique penetración, explicó Kerner.

“Si nos fijamos en la mayoría de las películas convencionales, la imagen es la de mujeres que tienen estos orgasmos rápidos y fabulosos durante la penetración, y los juegos previos son apenas la antesala de ese evento principal”, dijo Mintz. “En realidad, científicamente, eso es realmente perjudicial y falso”.

En una encuesta realizada a miles de mujeres para su libro Becoming Cliterate, Mintz descubrió que el porcentaje de mujeres que afirmaba haber tenido un orgasmo solo con la penetración era del 4 por ciento o menos.

Equiparar sexo con penetración también deja fuera a las personas que tienen sexo de otras formas. Por ejemplo, Joe Kort, terapeuta sexual, ha acuñado el término sides, (costados en inglés), para describir a los hombres homosexuales que no practican sexo anal. Lexx Brown-James, terapeuta sexual, afirma que ese punto de vista también pasa por alto a las personas con ciertas discapacidades, así como a quienes simplemente no disfrutan con la penetración. Muchas personas encuentran mayor satisfacción sexual en cosas como el sexo oral o “incluso apenas el contacto corporal”, dijo.

Mito 3: las vaginas no necesitan lubricante adicional
Las mujeres posmenopáusicas a veces describen el dolor que experimentan durante las relaciones sexuales con penetración como una sensación de “lija” o “cuchillos”. Pero aunque la sequedad vaginal afecta en mayor medida a las mujeres de más edad, puede producirse en cualquier momento de la vida, afirmó Herbenick, lo que tiene implicaciones para la vida sexual de las mujeres.

Se calcula que el 17 por ciento de las mujeres de entre 18 y 50 años sufren sequedad vaginal durante las relaciones sexuales, mientras que más del 50 por ciento la experimentan después de la menopausia. Señaló que también es más frecuente durante la lactancia o la perimenopausia, y que ciertos medicamentos, incluidos algunos anticonceptivos, pueden reducir la lubricación.

“Como suelo decir a mis estudiantes: las vaginas no son selvas tropicales”, dijo Herbenick, señalando que su investigación ha encontrado que la mayoría de las mujeres estadounidenses han utilizado un lubricante en algún momento. “Podemos sentirnos excitadas o enamoradas y aun así no lubricar como quisiéramos”.

Mito 4: es normal que el sexo duela
Aunque el lubricante puede ayudar a algunas mujeres a experimentar más placer durante las relaciones sexuales, es importante recordar que el sexo no debe doler. Se calcula que el 75 por ciento de las mujeres experimentan dolor durante las relaciones sexuales en algún momento de su vida, lo que puede tener muchas causas: problemas ginecológicos, cambios hormonales, tratamiento del cáncer, traumatismos… y la lista continúa.

Shemeka Thorpe, investigadora y educadora en sexualidad especializada en el bienestar sexual de la mujer negra, afirmó que muchas mujeres creen que el dolor durante o después del acto sexual es señal de buen sexo.

“Sabemos que muchas veces las personas que acaban teniendo algún tipo de trastorno de dolor sexual más adelante en la vida en realidad tuvieron dolor sexual durante su primera vez, y continuaron teniendo dolor sexual o dolor vulvar”, dijo Thorpe. “No se dieron cuenta de que era un problema”.

También los hombres pueden experimentar dolor durante el coito. Los expertos insisten en la importancia de que toda persona que experimenta dolor durante las relaciones sexuales acuda a un médico.

Mito 5: los hombres siempre quieren más que las mujeres
“La discrepancia en el deseo es el problema número 1 que trato en mi consulta, y de ningún modo la pareja más deseosa es siempre masculina”, afirmó Kerner. “Pero debido a este mito, los hombres suelen sentir vergüenza en torno a su falta de deseo, y una presión para iniciar siempre”.

(Herbenick señaló el mito relacionado de que las mujeres no se masturban, que según ella les impide explorar plenamente su sexualidad).

Pero aunque hay datos que sugieren que los hombres se masturban con más frecuencia que las mujeres, es falso que las mujeres no deseen sexo o que los hombres siempre lo deseen, dijo Brown-James. Por ejemplo, un estudio reciente descubrió que el deseo de las mujeres tendía a fluctuar más a lo largo de su vida, pero que hombres y mujeres experimentaban fluctuaciones del deseo muy similares a lo largo de la semana.

Mito 6: el deseo debe producirse al instante
En general, los terapeutas e investigadores sexuales creen que hay dos tipos de deseo: el espontáneo, o sensación de querer sexo de la nada, y el receptivo, que surge en respuesta a estímulos, como el tacto.

La gente tiende a pensar que el deseo espontáneo —que es lo que muchos amantes experimentan al principio de la relación— es de algún modo mejor.

Sin embargo, Lori Brotto, psicóloga y autora de Better Sex Through Mindfulness, afirmó que gran parte de su trabajo consiste en normalizar el deseo receptivo, sobre todo entre las mujeres y las personas que mantienen relaciones duraderas.

Les ayuda a entender que es posible practicar sexo sin deseo espontáneo, siempre que haya voluntad y consentimiento. Brotto lo compara con ir al gimnasio cuando no te apetece. “Las endorfinas empiezan a fluir, te sientes muy bien y después agradeces haber ido”, dijo.

Mito 7: el sexo planificado es aburrido
Brotto tampoco está de acuerdo con la idea de que “el sexo planificado es mal sexo”, porque lo convierte en “clínico, seco y aburrido”.

Este punto de vista es “muy perjudicial”, dijo. Y hace que muchas personas traten el sexo como algo secundario, que solo lo practiquen a altas horas de la noche, cuando están agotados o distraídos, si es que sacan tiempo para ello.

Cuando a sus clientes les molesta la práctica de programar las relaciones sexuales, ella les pregunta: ¿hay muchas otras actividades en tu vida que te gustan o son importantes para ti y que nunca planificas ni anotas en el calendario? La respuesta suele ser no.

El sexo programado también puede prestarse a responder al deseo, dijo Brotto, dando “tiempo a que escale la excitación”.

Mito 8: tu pene no está a la altura
Los hombres están sometidos a cierta presión en lo que se refiere al aspecto o el funcionamiento de su pene, dijo Kerner. Los más jóvenes creen que no deberían tener disfunción eréctil, mientras que los mayores reciben el mensaje de que la eyaculación precoz es algo que se supera con la edad y la experiencia.

Los datos hablan de otra cosa. Aunque la disfunción eréctil —que se define como una incapacidad constante para lograr o mantener una erección, no solo problemas ocasionales de erección— tiende a aumentar con la edad, también afecta a un porcentaje estimado del 8 por ciento de los hombres de 20 años y al 11 por ciento de los de 30 años. Y el 20 por ciento de los hombres de entre 18 y 59 años afirman sufrir eyaculación precoz.

“No tenemos una pastillita azul que haga desaparecer la eyaculación precoz, así que no estamos teniendo la misma conversación cultural que con la disfunción eréctil”, dijo Kerner. “Solo nos quedamos con los mitos de que los chicos con eyaculación precoz son malos en la cama, o sexualmente egoístas”.

Asimismo, los estudios demuestran que a muchos hombres —homosexuales y heterosexuales— les preocupa que su pene no esté a la altura, aunque muchas parejas digan que no prefieren un pene especialmente grande.

“El sexo en pareja es complejo”, afirmó Kerner. “Implica tocarse, sintonizar, conectar, comunicarse”.

The New York Times

 

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Muertas de sueño: qué estropea el descanso de las mujeres

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Ellas duermen peor que ellos por los cambios hormonales, la carga mental y la falta de corresponsabilidad. Estos factores afectan a la salud mental y al riesgo de sufrir enfermedades crónicas

Ciudad de México.- Las estadísticas del sueño también tienen género: las mujeres duermen peor y reportan más cansancio que los varones. Así lo señalan estudios como la Encuesta Global del Sueño 2025 que, tras analizar las entrevistas a más de 30,000 personas en 13 países, encontró que el 38% de las mujeres tiene dificultades para conciliar el sueño más de tres veces por semana, frente al 29% de los hombres.

En España, estudios científicos recientes, como el publicado en 2023 en el European Journal of Public Health, también han mostrado esta tendencia: que las mujeres tienden a reportar peor calidad de sueño que los hombres, incluso cuando las horas totales no son muy distintas, lo que sugiere diferencias en cómo se duerme y se percibe el descanso entre sexos. Casi una de cada cuatro mujeres experimenta sueño inquieto de manera recurrente, mientras que entre los hombres la proporción se reduce a uno de cada ocho.

Según María José Aróstegui, psicóloga y miembro del grupo de trabajo de insomnio de la Sociedad Española de Sueño (SES), estos problemas tienen muchas veces un origen físico: “Nuestro sistema endocrino está íntimamente ligado a los centros del sueño en el cerebro. Por eso, los cambios en los niveles de estrógeno y progesterona son determinantes”.

La neuróloga Ana Fernández Arcos, de la Sociedad Española de Neurología (SEN), explica que estas alteraciones comienzan desde la pubertad, cuando el ritmo circadiano de las niñas se adelanta respecto al de los niños. “El ciclo menstrual provoca variaciones en la arquitectura del sueño que, en algunos casos, pueden ser clínicamente significativas, con despertares o sueño menos reparador”, dice. Durante el embarazo y la lactancia, añade, se ve afectado “no solo por los cambios hormonales, sino también por el propio estado de gravidez y la prolactina que regula el descanso entre tomas”. Sobre la perimenopausia, la experta señala que “hasta un 60 % de las mujeres experimenta problemas de sueño clínicamente significativos, como despertares nocturnos espontáneos o sofocos”.

Además, según la neuróloga, las mujeres tienen “mayor susceptibilidad a la necesidad de dormir tras muchas horas despiertas, cambios de cortisol al despertar y una mayor frecuencia de ansiedad o depresión”, todos ellos factores que contribuyen a que su sueño sea más fragmentado y de menor calidad. En palabras de Fernández Arcos: “El sueño femenino está marcado por la interacción compleja de hormonas, ritmos biológicos y salud mental: muchas mujeres duermen más horas, pero descansan menos”.

En estado de alerta
Más allá de los factores físicos, el contexto es clave en los problemas de sueño, según la socióloga y doctora en Salud Pública Amaia Bacigalupe de la Hera. Las personas de clases más desfavorecidas o con trabajos menos cualificados suelen experimentar más problemas de sueño, probablemente porque enfrentan más estrés y dificultades asociadas a la vida cotidiana. El género añade otra capa a estas desigualdades a través de los roles sociales que siguen recayendo sobre las mujeres: trabajos de cuidado, organización del hogar, planificación de redes familiares y sociales, y la carga mental asociada a sostener relaciones y responsabilidades invisibles. “Estas tareas, invisibles, no remuneradas y sin límites claros, perturban el sueño y afectan de manera significativa la salud de las mujeres”, reflexiona Bacigalupe.

El estrés situacional es clave, según María José Aróstegui: “Las preocupaciones por el trabajo, la salud familiar y la economía mantienen el cerebro en un estado de hiperalerta”. Explica la psicóloga que la carga mental no consiste solo en hacer cosas, sino en planificarlas y recordarlas constantemente: “Hay estudios que muestran que las mujeres, al asumir el rol de vigilantes del hogar, mantienen esta alerta incluso mientras duermen, lo que fragmenta su descanso. Además, las mujeres puntuamos más alto en escalas de rumiación [que miden la tendencia de una persona a darle demasiadas vueltas a pensamientos negativos]”. La Encuesta Global del Sueño 2025 confirma que las responsabilidades familiares y el equilibrio entre vida laboral y personal afectan de manera significativa más a las mujeres.

No es de extrañar que, como cuenta Ana Fernández Arcos, existan diferencias relacionadas con el género en la oportunidad de dormir. Es decir, de tener una duración de sueño adecuada sin interrupciones, en un horario regular y del que resulte una sensación de descanso reparador estando en condiciones óptimas. Este hecho, dice Fernández, suele ser alterado por factores individuales y también interpersonales como, por ejemplo, el periodo de crianza de los hijos. Y, aunque pueda parecer anecdótico, la ciencia lo confirma: las mujeres duermen peor cuando duermen acompañadas.

Un estudio publicado en European Respiratory Journal analizó cómo dormir con una pareja que ronca afecta la calidad objetiva del sueño de las mujeres. Las participantes tuvieron registros del sueño dos noches seguidas: una durmiendo con su pareja y otra durmiendo solas, y se encontró que, al dormir solas, las mujeres tenían menos despertares y más sueño ligero estable, lo que sugiere que compartir la cama con una persona que se mueve o ronca puede fragmentar el descanso femenino.

Normalizar dormir mal
Según la socióloga Amaia Bacigalupe De La Hera, el cansancio crónico de las mujeres no es un fallo individual, sino el resultado de un sistema que precariza el trabajo y no ha promovido una corresponsabilidad real en las tareas domésticas y de cuidado. “El resultado necesariamente tiene que ser el cansancio crónico”, señala, y añade que la respuesta del sistema ha sido despolitizar el problema y medicalizarlo: “Cada vez es más frecuente que las mujeres pidan ansiolíticos o somníferos para poder sobrellevar esta carga que les ha sido asignada”. Bacigalupe destaca que la maternidad intensifica esta presión, afectando también a la salud mental y los hábitos de autocuidado.

El género, además, no solo determina la calidad del sueño, sino también cómo son reconocidas y tratadas las mujeres en el sistema sanitario. “El sueño es un problema de salud pública”, afirma Ana Fernández Arcos, señalando que los problemas de descanso, especialmente cuando el sueño es de corta duración, contribuyen a la aparición y progresión de numerosas enfermedades como la diabetes, la obesidad, la enfermedad cardiovascular, el deterioro cognitivo, el cáncer o los trastornos mentales. Estudios de la Universidad de Duke muestran que, aunque hombres y mujeres pueden reportar una calidad de sueño similar, en ellas la mala calidad se relaciona con mayores niveles de estrés emocional y elevación de proteínas inflamatorias, que a su vez aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Para mejorar el sueño de las mujeres y reducir el impacto del mal descanso en su salud, la neuróloga Ana Fernández Arcos propone varias medidas. En el ámbito sanitario, cree que es clave “formar mejor a los profesionales para evitar retrasos diagnósticos y sesgos que conduzcan a la sobremedicación”, así como avanzar en investigación específica sobre el sueño femenino, teniendo en cuenta la etapa hormonal (fertilidad, perimenopausia, postmenopausia) y estudiando el efecto diferencial de los fármacos. Además, señala que es necesario mejorar las herramientas diagnósticas, que hasta ahora se han diseñado de manera androgénica y pueden pasar por alto características propias del sueño de la mujer. Pero nada de lo anterior tendría sentido para la experta sin un cambio a nivel social y político. “El descanso también mejora con mejores condiciones de vida, y esto incluye políticas laborales y de conciliación con enfoque de género, y medidas que reduzcan la soledad y las desigualdades socioeconómicas”, concluye.

El País

 

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