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Autor: Víctor Hugo Arteaga
*Crece inconformidad contra la Fiscal de Violencia de Género en Edomex*
Vaya momento el que vive el Fiscal General del Estado de México José Luis Cervantes, a quienes grupos del Congreso del Estado de México comienzan a cuestionar por los bajos resultados en el combate a la delincuencia y procuración de justicia.
La justicia no puede ser un péndulo. Mucho menos cuando se trata de la violencia de género.
En el Estado de México, grupos de empresarios varones han comenzado a buscar asesoría del más alto nivel debido a lo que consideran un abuso constante de Dilcya Samantha García Espinoza de los Monteros, fiscal General para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género.
La figura de la fiscal se ha convertido en una de las más visibles, y también más debatidas, dentro del aparato de procuración de justicia que depende de José Luis Cervantes.
No es un cargo menor. El Estado de México arrastra, desde hace años, cifras alarmantes en feminicidios, desapariciones y violencia familiar.
En ese contexto, la fiscalía especializada nació como una respuesta institucional a una deuda histórica con las mujeres. Nadie puede minimizar esa necesidad.
Pero en la aplicación de la justicia, el riesgo no está solo en la omisión, sino también en el exceso.
En distintos colectivos de padres de familia, particularmente aquellos inmersos en litigios por custodia o convivencia, comienza a crecer una narrativa incómoda: la percepción de que existe una tendencia a criminalizar de manera automática a hombres denunciados en contextos familiares, incluso antes de que exista una investigación sólida o una resolución judicial firme.
La pregunta es obligada: ¿es una política institucional o casos aislados? ¿Es percepción o patrón? ¿Hay denuncias formales contra la fiscal o contra su actuación?
Hasta donde consta en información pública disponible, no existen sentencias judiciales ni resoluciones firmes que acrediten responsabilidad penal o administrativa directa contra Dilcya Samantha García Espinoza de los Monteros por un esquema sistemático de criminalización de padres de familia. Tampoco hay, a la fecha, una sanción emitida por órganos de control que la inhabilite o la responsabilice por violaciones graves al debido proceso.
Eso no significa que no haya inconformidades. Las voces comienzan a sumarse y a organizarse y pronto estará en el escritorio de la Gobernadora, pues al parecer se han descubierto prácticas irregulares dentro de esa fiscalía.
Amenazas, chantajes, extorsiones, asaltos en lugares públicos, y lo peor, la utilización de agentes de esa fiscalía plenamente identificados para atacar a empresarios en el Estado de México, sin órdenes legales, y enviados, como sicarios, desde el nivel más alto de esa fiscalía especializada.
En redes sociales y en foros de litigantes se documentan señalamientos sobre presuntas actuaciones desproporcionadas en casos de denuncias por violencia familiar o abuso, donde los imputados aseguran que las medidas cautelares se dictan con base en criterios amplios y con escasa posibilidad inmediata de defensa. Pero una cosa es la crítica pública y otra muy distinta una denuncia formal con sustento jurídico que haya prosperado.
El debate es delicado.
Por un lado, el Estado mexicano tiene la obligación constitucional y convencional de proteger a mujeres y menores frente a la violencia. Las fiscalías especializadas surgieron precisamente porque durante décadas la justicia fue omisa, lenta o indiferente ante agresiones que terminaban en tragedias.
Por otro lado, el principio de presunción de inocencia no es negociable. Ni siquiera en causas legítimas. La justicia con perspectiva de género no puede convertirse en justicia sin debido proceso.
Si hay casos de abuso en la aplicación de medidas, deben investigarse. Si existen denuncias formales contra la fiscal o su equipo, corresponde a los órganos internos de control y, en su caso, a instancias judiciales revisarlas con transparencia.
En temas de familia, las emociones se desbordan y las narrativas se polarizan. Pero la política pública no puede construirse desde la anécdota ni desde el rumor.
Lo que sí parece evidente es que el cargo que ocupa Dilcya Samantha García Espinoza de los Monteros exige un equilibrio quirúrgico: proteger sin prejuzgar, investigar sin criminalizar, acompañar sin sustituir al juez.
Porque cuando la justicia se inclina demasiado hacia un lado, pierde credibilidad. Y cuando pierde credibilidad, pierde su fuerza.
Y en el Estado de México, donde la violencia de género es una herida abierta, lo que menos se necesita es que la fiscalía especializada se convierta en otro frente de confrontación social.
La discusión no debe ser hombres contra mujeres. Debe ser justicia contra impunidad.
Y esa es una diferencia enorme.
Las voces que buscan mostrar las malas prácticas de la Fiscal Dilcya Samantha García Espinoza de Los Monteros ya no son pocas y la pregunta para el Fiscal General es si está enterado de los procesos poco legales que desde esa unidad se maneja?
Muchos empresarios y sus equipos legales se preguntan por qué José Luis Cervantes la protege a costa del decremento de su imagen pública?
Por qué prefiere hacerse de la vista gorda en ese sentido y permitir que los abusos en contra de muchos padres varones sólo por haber nacido hombres?
En las próximas semanas este delicado tema comenzará a detonarse, y quienes se saben o sienten afectados han comenzado a reunir sus pruebas periciales y sus datos de prueba, para mostrar el grave patrón en muchos casos, sin aparente justificación legal.
COLUMNAS
Todos los lunes…. Con Martín Vallejo
Todos los Lunes
Martín Vallejo González
A OTRO PERRO CON ESE HUESO…
El pasado fin de semana, para ser precisos, el sábado, la Dirección de Alcoholes presumió la clausura tres bares que operaban a la vista de todos y todas, pero que ahora resulta para la autoridad que eran clandestinos.
Esos lugares, por mucho tiempo, trabajaron sin licencia y altas horas de la noche, esto sin que ninguna autoridad lo notara o se hiciera de la vista gordo, lo que en verdad no les resulta difícil.
Esos bares, en los que incluso ingresaban menores, atendían a sus clientes de manera “clandestina “y por las madrugadas en las colonias Bugambilia y Centro, esto, repito, sin que ninguna autoridad los supiera, hasta que un “fuerte” y “sorpresivo” operativo de la Dirección de Alcoholes diera con ellos y los cerrara por violar la ley.
La verdad, no creo que la autoridad estatal, en este caso la Dirección de Alcoholes, tenga la errónea idea de que los hermosillenses nos chupemos el dedo el dedo y nos tragamos el cuento de que desconocían las operaciones de esos bares que abrían sus puertas por la noche y las cerraban al amanecer.
GUADALUPE AYALA CIERRA UN CICLO EN CRUZ ROJA DE HERMOSILLO Y ABRE OTRO CAPITULO…
Este lunes Guadalupe Ayala Noriega, oriundo del poblado Miguel Alemán, entregó la Coordinación de Socorros de la Cruz Roja de Hermosillo, en la que estuvo al frente por 16 largos años.
A través de un emotivo escrito, el amigo, originario del poblado Miguel Alemán, Costa de Hermosillo, se despidió de sus compañeros, a los que reconoció el esfuerzo y la entrega que realizan a diario a favor de la noble institución.
Un quebranto en su salud, del que ya se recupera bajo el cuidado de su esposa, es la causa por la que Guadalupe deja la Coordinación de Socorros.
Se va triste, y a la vez contento, pues regresara al poblado Miguel Alemán para hacerse cargo de la Base de la Cruz Roja de esa comunidad, donde se formó y escaló, con base en el esfuerzo y entrega, a la Coordinación de Socorros de la Delegación de Hermosillo, lo que no es cualquier cosa.
Además, Guadalupe tendrá a su cargo la Base de Bahía de Kino, pues la presidencia del Consejo de Administración está muy interesada que se mantenga en la institución, pero de una forma más tranquila y relajada.
Es muy seguro que hará un muy buen trabajo, como lo hizo por 16 años a nivel municipal, donde dejó fuerte huella a su paso.
EN SONORA NO PARAN LAS DESAPARICIONES…
Una vez más padres de familia de Sonora sufren la desaparición de sus hijos, situación que ya se está tornando alarmante y preocupante.
El colectivo Madres Buscadoras de Sonora dio a conocer la desaparición de cuatro jóvenes en esta capital, de lo que al momento nada han informado las autoridades policiacas, las que están viendo y dejando pasar.
Los jóvenes desaparecidos fueron identificados con los nombres de Juan Antonio Balderas, Carlos López González, Samuel Lugo Ortiz y Adán Gabriel Ventura, de los que al momento no se conoce paradero, como tampoco se conoce el paradero de muchos más desde hace tiempo.
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