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Agotamiento físico o mental: ¿cuál es más difícil de aliviar?

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Yolanda Suárez, creadora de la empresa Enchúfate a la Vida, explica los factores que fomentan la sensación de pérdida de energía vital

Madrid, España.- Yolanda Suárez, licenciada en INEF, máster en Psicología Deportiva y creadora de la empresa Enchúfate a la Vida, asegura que cada vez es más habitual que las personas vivan a diario con el sistema nervioso en alerta constante, lo que produce una sensación de mayor cansancio. «Hay exceso de estímulos, pantallas, noticias, multitarea y presión constante. Todo eso -matiza- mantiene al cuerpo en modo supervivencia y hace que, aunque durmamos ocho horas, no descansemos realmente».
Suárez señala, además, que hay otros factores que agravan este cansancio: una alimentación cada vez más inflamatoria, con ultraprocesados y exceso de azúcar, cargas emocionales no resueltas que el cuerpo acaba somatizando y una desconexión con el propósito o el sentido de la vida. «Cuando alguien vive en piloto automático, sin entusiasmo ni Xavi Cañellas, experto en psiconeuroinmunología: «El cuerpo no digiere la tensión emocional sostenida, de ahí tantas dolencias físicas»

Suárez señala, además, que hay otros factores que agravan este cansancio: una alimentación cada vez más inflamatoria, con ultraprocesados y exceso de azúcar, cargas emocionales no resueltas que el cuerpo acaba somatizando y una desconexión con el propósito o el sentido de la vida. «Cuando alguien vive en piloto automático, sin entusiasmo ni dirección, aparece un cansancio profundo que no se soluciona solo durmiendo».

La experta subraya que el agotamiento no es exclusivamente físico o mental, sino una combinación de ambos planos, ya que el cuerpo refleja lo que ocurre a nivel emocional y psicológico. En muchas ocasiones, advierte, el origen está en el estrés mental o emocional que termina manifestándose físicamente. No obstante, matiza que «el cuerpo es lo más fácil de relajar» mediante hábitos como el ejercicio, la alimentación o el descanso, mientras que «lo más difícil de
regular suele ser la mente y las emociones», al estar más arraigadas en el sistema nervioso.
Suárez también alerta de que este fenómeno se está produciendo cada vez a edades más tempranas. Desde su experiencia advierte que es frecuente observar en personas de 25 o 30 años síntomas que antes aparecían décadas después, a los 50. Lo atribuye al estilo de vida actual, caracterizado por la sobreestimulación desde la infancia, el
uso constante de pantallas, una peor alimentación y ritmos biológicos alterados. «Los jóvenes duermen mal, comen peor y están expuestos a mucha más información y presión social», indica, lo que contribuye a la desregulación de hormonas como el cortisol y la melatonina y favorece el
cansancio crónico.
Diferencia entre hombres y mujeres
En cuanto a las diferencias entre hombres y mujeres, Suárez apunta que no se manifiesta de la misma forma. Según explica, en las mujeres el cansancio suele ser más
multifactorial debido a la acumulación de responsabilidades, lo que genera mayores niveles de estrés e inflamación. Por ello, observa con más frecuencia en ellas problemas asociados como fatiga persistente, alteraciones digestivas u hormonales. En los hombres, en cambio, el cansancio tiende a estar más vinculado al estrés laboral o al sedentarismo.
La especialista advierte de que el descanso no siempre es suficiente para revertir el cansancio, especialmente cuando este se vuelve crónico. En esos casos, matiza, el sistema nervioso permanece en alerta y el cuerpo no logra repararse de manera adecuada. También puede estar relacionado con inflamación metabólica, problemas digestivos o desequilibrios en la microbiota. Así, el cansancio actúa como una señal de que varios sistemas del organismo están saturado

Frente a esta situación, defiende el papel del ejercicio físico como una herramienta clave, aunque pueda parecer contradictorio. «Muchas personas dicen: ‘Haré ejercicio
cuando tenga energía’, pero en realidad es al revés: el ejercicio genera energía», afirma. Explica que moverse ayuda a liberar
tensiones, mejorar el metabolismo, regular el sueño y favorecer la claridad mental. Eso sí, recomienda que en casos de fatiga extrema se opte por actividades suaves como
caminar o practicar yoga.
Respecto al uso de soluciones rápidas, Suárez insiste en que las «pastillas mágicas» no abordan la raíz del problema. En su lugar, propone ayudar al sistema nervioso a salir del estado de alerta mediante hábitos básicos como exponerse a la luz solar por la mañana, reducir el uso de pantallas, regular los horarios, cuidar la alimentación y dedicar tiempo a la introspección y la gestión emocional. Asimismo, considera fundamental liberar cargas emocionales acumuladas, ya sea hablando con alguien o escribiendo.
En términos de prevención, destaca la importancia de escuchar al cuerpo antes de alcanzar niveles extremos de agotamiento. «Igual que nos lavamos los dientes todos los días, deberíamos cuidar el sistema nervioso y el cuerpo de forma constante», señala, insistiendo en la necesidad de planificar hábitos saludables en el día a día.
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Por último, advierte de las consecuencias de no actuar a tiempo. Según explica, el organismo entra progresivamente en un estado de estrés más profundo, que comienza con síntomas leves como irritabilidad, falta de concentración o sueño poco reparador, pero que puede derivar en problemas más graves como inflamación, alteraciones metabólicas o resistencia a la insulina. En definitiva, concluye que el cuerpo acaba fallando cuando permanece demasiado tiempo en «modo supervivencia».

Fuente: abc.es

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Cómo disimular las canas sin teñir el cabello

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Ciudad de México.- Durante años, la única respuesta frente a las canas parecía ser cubrirlas por completo. Sin embargo, la narrativa ha cambiado. Hoy, el enfoque puede estar en suavizarlas, integrarlas o incluso potenciarlas, en lugar de ocultarlas bajo capas de color uniforme.
Este cambio responde a una búsqueda más amplia dentro de la belleza: looks más naturales, de bajo mantenimiento y que respeten la textura real del cabello. En este contexto, disimular canas no significa desaparecerlas, sino lograr que convivan de forma armónica con el resto del tono.
Iluminaciones estratégicas: el truco para difuminarlas
Una de las técnicas más efectivas para disimular las canas sin teñir todo el cabello es trabajar con iluminaciones estratégicas. Mechas finas, reflejos o babylights ayudan a mezclar los tonos naturales con las canas, creando un efecto multidimensional.
El objetivo no es cubrir, sino integrar. Al añadir luces en tonos cercanos al color base, se genera un contraste suave que hace que las canas pasen desapercibidas, especialmente en movimiento y bajo la luz natural.
Cambiar la raya y el peinado hace la diferencia
Algo tan simple como modificar la forma en la que llevas el cabello puede ayudar a disimular las canas. Cambiar la raya —de en medio a lateral, por ejemplo— permite redistribuir el volumen y ocultar zonas donde las canas son más visibles.
Además, los peinados con textura, ondas suaves o volumen en raíces ayudan a romper la uniformidad del color. Esto evita que las canas resalten en bloques y las integra mejor en el conjunto del look.
Productos que ayudan a matizar sin teñir
Otra alternativa efectiva son los productos que matizan el tono del cabello sin modificarlo de forma permanente. Shampoos, mascarillas o glosses con pigmento pueden aportar brillo y unificar el color, reduciendo el contraste entre las canas y el resto del cabello.
Estos productos funcionan especialmente bien en cabellos claros o castaños, donde el contraste suele ser más evidente. Además, tienen la ventaja de ser temporales y menos agresivos que un tinte tradicional.
Cortes que favorecen la integración del color
El corte también juega un papel clave. Capas suaves, desfilados o estilos con movimiento ayudan a que el color se perciba más dinámico, evitando que las canas se concentren visualmente en un solo punto.
Por el contrario, los cortes muy rectos o planos pueden hacer que el contraste sea más evidente. Apostar por estructuras ligeras permite que el cabello fluya y que las canas se integren de manera más natural.
Disimular las canas sin teñir el cabello no se trata de esconderlas, sino de aprender a trabajar con ellas. La tendencia actual apuesta por resultados más sutiles, donde el color, la textura y el movimiento se combinan para crear looks auténticos.
Más que seguir reglas estrictas, se trata de encontrar lo que mejor funcione para cada tipo de cabello. Porque en la belleza actual, la naturalidad no es una limitante, sino el punto de partida.

Agencias

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Quiénes no pueden tomar pulque

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Ciudad de México.- El pulque es una de las bebidas representativas de México y suele consumirse durante la temporada de calor por ser muy refrescante, además de su combinación de sabores a los que se les conoce como “curados”.
Sin embargo, al tratarse de una bebida alcohólica, su ingesta no se recomienda para todas las personas. Aquí te decimos a qué grupos nos referimos y por qué.

¿Qué es el pulque?
Un artículo de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural explica que el pulque es una bebida alcohólica de origen prehispánico, misma que se obtiene a partir del aguamiel.
Este líquido extraído del maguey pasa por un proceso de fermentación en espacios conocidos como tinacales, donde se mezcla con una “semilla” o pie de pulque que permite su transformación.
Aproximadamente, la elaboración del pulque tarda 24 horas; además, puede consumirse natural o en versiones hechas con frutas o semillas, por ejemplo, de guayaba, fresa, piña, mango y hasta ostiones.

¿Qué nutrientes aporta el pulque?
Hay varias versiones sobre su origen; una leyenda cuenta que surgió cuando la diosa Mayahuel descubrió cómo extraer aguamiel, pero otros relatos relacionan al dios Quetzalcóatl con su creación.
Otro dato interesante es que durante los tiempos prehispánicos, las personas mayores de 52 años eran las únicas que podían consumir pulque, al igual que quienes iban a ser sacrificados en el templo de Huitzilopochtli, pues se les permitía consumirlo hasta embriagarse.
Con el paso del tiempo, esta bebida fue considerada como un remedio medicinal contra diversos padecimientos. Y es que, de acuerdo con Larousse Cocina, contiene nutrientes como proteínas, vitaminas y compuestos derivados de la fermentación.
Al respecto, la nutricionista Andreina De Almeida, en un artículo publicado en el portal especializado Tua Saúde, señala que el pulque puede aportar diversos beneficios al organismo, como ayudar a la prevención de la anemia ferropénica gracias a su contenido de hierro y vitamina C.
Asimismo, puede reducir los niveles de colesterol debido a la presencia de saponinas y ciertos compuestos probióticos, que favorecen su eliminación por medio de las heces.
Y de igual manera, se cree que puede estimular el apetito, combatir trastornos gastrointestinales y ser una fuente de energía. A pesar de esto, no deja de ser un producto alcohólico y debe consumirse con moderación.

¿Quiénes no pueden tomar pulque?
En el mismo artículo de Tua Saúde, la nutricionista advierte que el consumo de pulque tiene que evitarse en ciertos grupos de personas, entre ellos mujeres embarazadas y en periodo de lactancia.
Dado que contiene alcohol, puede afectar al bebé desde el vientre —incluso causando problemas como el síndrome alcohólico fetal— y también puede pasar a la leche materna, alterando su desarrollo.
El segundo grupo que no puede consumir pulque es el de las personas que tienen alergias a sus componentes, puesto que durante la fermentación se producen sustancias como histaminas, que pueden agravar síntomas en personas sensibilidad.
Por último, las personas que se encuentren tomando uno o varios medicamentos de manera regular o que tengan problemas digestivos deben consultar con su médico si son aptas para el consumo, aunque se trate de pequeñas cantidades.
Aunque el pulque forma parte de la tradición mexicana y ofrece nutrientes, no es una bebida para todas las personas.

Agencias

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Las rupturas por WhatsApp

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Poner fin a una relación de este modo es cada vez más habitual en un mundo tan digitalizado como carente de empatía y algun0s lo califican como el acto más cruel que se ha normalizado en el amor

Madrid, España.- Uno de los capítulos más memorables de Sexo en Nueva York es ese en el que Jack Berger, pareja de Carrie Bradshaw durante algunos episodios de la temporada sexta de la serie, deja a la escritora y columnista mediante un post it en el que pone: “Lo siento. No puedo. No me odies”. Han pasado 23 años de ese episodio, pero lamentablemente, la cobardía de algunos sigue vigente. Lo que sí han cambiado son los medios para romper y en la era digital, cada vez son más quienes optan por hacerlo por WhatsApp.

Es el caso de Carlos Pollán, candidato de Vox a la presidencia de la Junta de Castilla y León, que tras ocho años de relación, dejó a su novia, la estilista y consultora de moda Cristina Escudero, mediante el popular sistema de mensajería. Por su parte Esther Doña, viuda de Carlos Falcó, contó en su paso por el programa de Antena 3 Y ahora Sonsoles qué ponía en el WhatsApp con el que el juez Santiago Pedraz la dejó. “Nuestra relación es imposible, hablamos algún día, cuídate y besos”. Auch.

Ane Arieta, mediadora familiar especializada en crisis de pareja, divorcio, coparentalidad y familias ensambladas, comenta que, en general, cuando ha existido una relación profunda o de larga duración, lo más respetuoso suele ser tener esa conversación en persona, porque permite más humanidad y más espacio para procesar lo que está ocurriendo. Sin embargo, considera que hay contextos en los que hacerlo por WhatsApp puede ser lo que más protege. “Por ejemplo, cuando la relación ha sido breve, cuando existe distancia y no es posible verse pronto, cuando se intenta evitar que una conversación presencial escale rápidamente a conflicto o a una desregulación emocional intensa o cuando la otra persona ha mostrado comportamientos invasivos, manipuladores o poco respetuosos con los límites”, ennumera la fundadora de Stepfamily. Señala que en tales casos, el mensaje puede servir para marcar un límite y protegerse de manera emocional y aclara que no significa necesariamente evitar la conversación, sino a veces, aplazarla hasta que ambas personas puedan abordarla desde un lugar más regulado. “Lo que suele resultar más dañino no es el medio, sino desaparecer sin explicación”, añade.

Eso fue lo que le ocurrió a Bárbara, decoradora de interiores, que ha querido compartir su caso con S Moda. “Salía con un camarero aspirante a fotógrafo que vive en Nueva York. Tras cuatro meses de relación en los que nos veíamos a menudo, después de un viaje a Madrid en el que todo había sido perfecto, me envió un mensaje diciendo que necesitaba espacio. Le escribí varias veces pidiendo que hiciéramos una videollamada o que habláramos, pero no me dio opción. Nunca más supe de él”, explica. “Lo más dramático es la forma en la que la persona con la que creaste una intimidad y con la que pensabas que todo iba bien desaparece como si se lo hubiera tragado la tierra o no hubiera existido. Al menos necesitas un cierre, una explicación y poder tener derecho a réplica. En una visita reciente a Nueva York por un viaje de trabajo, me planté en la cafetería en la que trabaja. Fueron tres minutos. Hubo contacto visual, él se puso nerviosísimo y no cruzamos ni una palabra, pero me sirvió para quitarme el nudo en el estómago y ver que seguía vivo. A veces las miradas hablan más que las palabras. No fue el cierre que hubiera querido, pero al menos, pude pasar página”, asegura.

Bloquear como acto de protección
Bárbara exigió tener derecho a réplica y como no le fue concedido, decidió forzar un cierre que le permitiera seguir adelante. La Dra. Jennifer Flórez, psicóloga clínica, divulgadora y experta en amor propio y relaciones, considera que terminar por WhatsApp “puede ser el acto más cruel que se ha normalizado en el amor”. Recomienda que cuando alguien es dejado por WhatsApp, valore antes de nada lo que realmente quiere hacer en ese momento. “Como un acto de amor propio, la persona tiene derecho a llamar, a responder, a no responder o incluso a bloquear. Cada una de estas decisiones puede ser válida, siempre que no sea una reacción impulsiva, sino una elección consciente que obedezca a lo que la persona siente que necesita hacer”, indica.

Recomienda que después, si realmente se quiere cerrar la relación y avanzar, bloquee toda posibilidad de contacto con esa persona. “Es una forma de autoprotección y puede ser una decisión sana para iniciar el contacto cero. Es cierto que tiene un costo: la otra persona puede percibirte como alguien inmaduro o inmadura por bloquear. Sin embargo, si el precio de tu paz y de tu salud mental es que el otro te perciba de esa manera, bienvenido sea el rótulo de inmaduro”, dice antes de aclarar que un proceso de cierre no es una lucha de egos, de orgullo ni de quién queda mejor frente al otro, sino un proceso emocional que debe gestionarse de la forma más sana posible. “Bloquear permite romper el círculo de ansiedad que se crea cuando la puerta de contacto sigue abierta. Cuando todavía existe la posibilidad de mensajes, llamadas o interacción en redes sociales, muchas personas entran en la angustia constante de revisar el teléfono, esperando ver si el otro escribió o si volvió a contactar. Esa dinámica alimenta la ansiedad rumiativa y termina prolongando el proceso de duelo”, explica.

El adiós 3.0, ¿puede ser empático?
Ante la pregunta de si existe alguna manera de dejar a alguien por WhatsApp que sea empática y saludable, Arieta responde de forma afirmativa, aunque matiza que depende de cómo se comunique, aplicándose entonces las mismas reglas que cuando una persona se ausenta temporalmente de una conversación para autorregularse. “No es lo mismo desaparecer sin explicación —lo que suele vivirse como una forma de comunicación destructiva— que comunicar de forma clara una decisión y marcar un límite. Para que sea respetuoso conviene que el mensaje incluya tres elementos: claridad, responsabilidad y ausencia de culpabilización. Es decir, expresar brevemente la decisión, no atacar al otro y no dejar la situación en ambigüedad”, asegura. Considera importante dejar abierta la posibilidad de hablarlo más adelante, cuando ambas personas estén más reguladas emocionalmente y la conversación pueda darse en condiciones mínimamente saludables.

“Aplazar una conversación que en ese momento podría escalar no es necesariamente evitación, sino una forma de protegerse y evitar daño innecesario. Si posteriormente ese intento de conversación vuelve a convertirse en una interacción destructiva, también es responsabilidad de cada persona sostener el límite en el encuentro directo, cortar la conversación y retirarse de forma regulada”, explica. Matiza que en ese sentido, el problema no suele ser el medio, sino la ausencia de comunicación o el ghosting. “Una ruptura breve pero clara suele generar menos malestar que desaparecer sin explicación”, dice.

Carmen Raya, periodista, fue dejada mediante un mensaje de WhatsApp carente de claridad, responsabilidad y ausencia de culpabilización. “Una noche de fiesta, y un poco bebido, mi novio me montó un show digno de Netflix y me dijo que se iba a casa. Yo, que ya tengo 42 años y los únicos dramas que quiero en mi vida son los laborales, seguí de fiesta. A la media hora, recibí varios mensajes de WhatsApp donde me comunicaba que se había llevado todo de mi casa y que no podría echarle en cara mis ‘paranoias personales’. Yo no daba crédito: me quedé en shock. Al volver a casa, efectivamente, ni rastro de él ni de sus cosas. Lo peor es que no le contesté porque ni me esperaba esa reacción por su parte ni pensé que después de haberle comentado mi mala suerte en el amor, me haría algo así”, asegura. “Después intentó disculparse un par de veces más, vía WhatsApp. Finalmente, lo bloqueé. Todo muy adulto. Me hizo sentir que jamás encontraré a nadie y volvió a abrirme la herida, que en realidad nunca se cura, de que algo está mal conmigo. ¡Gracias, Alberto!“, dice con sorna.

Las consecuencias del ‘cierre sin cierre’
Flórez comenta que cuando una persona es dejada por WhatsApp, especialmente después de una relación significativa, puede experimentar una sensación de cierre incompleto. El cerebro humano no está diseñado para dejar historias abiertas; necesita coherencia narrativa para procesar lo que ha ocurrido. “Cuando la ruptura llega en forma de un mensaje de WhatsApp, con poco espacio personal para comprender lo sucedido, la mente intenta cerrar ese vacío construyendo explicaciones por sí sola. El problema es que esas explicaciones mentales muchas veces no están basadas en la realidad, sino en suposiciones, interpretaciones y miedos. Esto puede generar rumiación persistente, pensamientos repetitivos sobre la relación, fijaciones obsesivas, ansiedad intensa y también sentimientos de tristeza profunda que pueden evolucionar hacia estados depresivos”, asegura.

Algunas personas desarrollan además una sensación de sinsentido, de desconcierto sobre lo vivido, o la dolorosa percepción de haber perdido tiempo y haber invertido emocionalmente en algo que terminó de forma abrupta. “En algunos casos incluso puede aparecer un duelo tardío o un trastorno de adaptación, porque la persona no tuvo un cierre emocional claro. Es similar a lo que ocurre en los procesos de duelo: los seres humanos necesitamos formas concretas de cierre. Cuando alguien muere, existe un cuerpo, un velorio, un féretro; hay un proceso que permite comprender que algo terminó. Cuando ese cierre no existe, la mente intenta compensarlo, buscando respuestas de forma constante y prolongando el sufrimiento mucho más de lo necesario”, explica la experta en amor propio y relaciones. “Terminar una relación por WhatsApp puede dejar a la persona atrapada en procesos de duelo prolongado, algo que veo con mucha frecuencia en mi consulta con pacientes”, dice.

Ane Arieta opina que es probable que hoy este tipo de rupturas sean más habituales porque gran parte de nuestras conversaciones y vínculos ya ocurren a través del móvil. Por eso, cuando la comunicación cotidiana se desarrolla en ese espacio, también las rupturas pueden terminar produciéndose ahí.

“El problema no es tanto el canal como el modo en que se utiliza. En una cultura relacional cada vez más rápida, a veces se evita la incomodidad de las conversaciones difíciles, el reconocimiento de lo ocurrido o la responsabilidad emocional que implica cerrar una relación. El riesgo aparece cuando el vínculo se termina sin explicación, sin asumir ninguna responsabilidad y sin dar espacio a una mínima elaboración de lo que ha pasado”, explica.

La Dra. Jennifer Flórez quiere terminar recordando algo: las personas realmente se conocen en una ruptura. “La forma en que alguien termina una relación dice mucho sobre su nivel de responsabilidad emocional. Por eso, incluso en tiempos digitales, cerrar una relación con respeto y humanidad sigue siendo una de las formas más claras de mostrar quién somos y cómo amamos”, dice. Nunca hay una manera perfecta de romper con alguien pero sus palabras son sin duda una buena manera de finalizar un tema.

El País

 

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